Morituri te salutant (I)

Hace días que vengo pensando por qué cuando bajo, pasada la medianoche, al garaje y abro la puerta de mi parcela y con el mando abro las puertas de mi coche y los intermitentes me saludan y el clac de la cerradura quiebra la quietud del garaje solitario y yo escrutino desde la ventanilla el interior de mi coche y estiro mi mano y abro la puerta y me siento, en el asiento del conductor de mi coche, me siento, por qué en ese preciso instante, después de sentarme, cuando levanto la mirada y la poso en el retrovisor, por qué siempre espero encontrarme la sonrisa enigmática y los ojos fríos y calculadores de un sádico asesino en serie, salido de una película de serie B americana, que con una frase solemne me anuncia mi final mientras con un fino cable rodea mi cuello y lo estrangula hasta asfixiarme.

No sé por qué. Quizás sea por el terror instintivo y primario que sentimos hacia la oscuridad. Quizás por el exceso de series policíacas que inundan la televisión y a las que me engancho tan fácilmente. Quizás por aquella novela de Stephen King, It se llamaba, que logró que durante todo un verano no me levantara al baño en medio de la noche. Quizás por el olor a humedad que impregna las esquinas del garaje. Quizás. No lo sé.

Lo que sí sé es que esta noche de sábado, cuando he bajado al garaje, como cada noche de sábado, y he abierto mi parcela y con el mando he abierto las puertas de mi coche, después del clac y los intermitentes, después de escrutinar el interior de mi coche desde la ventanilla y estirar la mano y abrir la puerta y sentarme, después, cuando he levantado la mirada y la he posado en el retrovisor, me he encontrado una sonrisa enigmática y unos ojos fríos y calculadores, como los de un sádico asesino de una película de serie B americana, que me están mirando fijamente a los ojos, cuando oigo un clac, que me pone la piel de gallina, y un susurro al oído me anuncia que él también llevaba días soñando con aquel instante de asfixiante, húmeda y oscura soledad.

Fuente de la fotografía: Looking back… over my shoulder de Smiley Stew

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Acerca de Guillermo Gómez Muñoz

Soy profesor de ELE en la Universidad de Deusto y escritor a tiempo incompleto.
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