Morituri te salutant (XI)

Para Susana.

Para Francis, mente criminal y artífice intelectual de este Morituri.

Era la rutina de cada mañana. Abrías tu bolso, sacabas tu espejito, tu barra de labios, tu lápiz de ojos, te acicalabas. Cada mañana, hacia las doce. Mientras yo, absorto, observaba atentamente tu reflejo en la pantalla de mi ordenador. Como un niño que observa lo prohibido, escondido tras una cortina. Temía girarme, mirarte directamente a los ojos mientras te pintabas. Temía romper la magia de aquel instante, ese íntimo segundo en que tus labios rozaban el carmín y tus párpados se tensaban esperando el contacto afilado del lápiz de ojos. Cada mañana, hacia las doce.

Y como todos los días, ayer, hacia las doce, abriste tu bolso. La cremallera gimió temblorosa ante el roce de tus dedos. Tu espejito reflejó la luz en la pantalla de mi portátil. Estaba atento, no quería perderme ni un solo detalle. Como el niño que aguarda, escondido en el vestuario, a que las chicas entren a cambiarse. Tu barra de labios, tranquila sobre la mesa. Tu lápiz de ojos, expectante.

Tu reflejo nublaba mi pantalla.

Me atrapaba. Me seducía.

Me obsesionaba. Tu reflejo.

Cada mañana.

Y como todos los días, ayer, hacia las doce, cogiste tu barra de labios. Tus dedos, blancos. La barra, roja. Tus labios…

Tus labios, en mi pantalla, abriéndose para el carmín, que los roza, que los acaricia, que los sonroja. Tu reflejo me obsesiona. Cada mañana. Me nubla. Tu reflejo.

Y como todos los días, ayer, hacia las doce, cogiste tu lápiz de ojos. Tus párpados, blancos. El lápiz, negro. Tus ojos…

Tus ojos, en mis ojos fieramente abiertos, que te observan, que te atrapan. El lápiz afilado los rodea, acaricia tus párpados, tiemblan tus pestañas. Yo tiemblo. Yo gimo. Yo espero, a tu espalda. Mi reflejo en tu espejito me descubre. A tu espalda.

Ojos abiertos. Lápiz que se ensarta. Labios que gritan. Nadie te escucha. Solo yo, que te observa, a ti, no a tu reflejo. Mientras brotan la lágrima y la sangre.

Párpados que se cierran.

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Fuente de la fotografía: 8 de Maryaben.

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Acerca de Guillermo Gómez Muñoz

Soy profesor de ELE en la Universidad de Deusto y escritor a tiempo incompleto.
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