Morituri te salutant (IV)

Hacía semanas que no dormía bien. Al principio pensó que sería por el trabajo. Mucho curro últimamente. Estresado, estaba estresado, pero como siempre. Nunca había sido una persona tranquila, de las que saben desconectar cuando llegan a casa. Luego, se le ocurrió que podía ser por la boda. Dudas no tenía, pero quizás los nervios… Probó a tomarse una tila antes de dormir y funcionó… el primer día. Al día siguiente, volvió a levantarse con la misma sensación de cansancio, como si hubiera pasado toda la noche corriendo.

Unos días después comenzó a despertarse en medio de la noche, alterado y sudando. Y despertaba a su novia. ¿Qué te pasa? No sé, estaba soñando. ¿Qué? No sé, pero corría asustado por una calle en medio de la noche. Así durante una semana. Corría y corría y corría, hasta quedarse sin aire y entonces… se despertaba, alterado y sudando.

Una semana después, el sueño evolucionó. Ya no solo corría, ahora también sentía que alguien corría tras él. ¿Quién? Lo desconocía. En el momento en que se giraba, justo donde acababa la calle y se adentraba en un callejón, se despertaba, alterado y sudando.

Aquella noche, se despertó sudando. Estaba solo, su novia se había marchado con sus amigas a pasar el fin de semana en una casita rural. Era ya la quinta vez esa noche que su pesadilla lo despertaba, alterado y sudando. Estaba agotado. Llevaba casi un mes durmiendo fatal. No descansaba, y estaba agotado.

Esa noche su pesadilla había evolucionado nuevamente. El callejón era un callejón sin salida. Los pasos a su espalda habían desaparecido. Estaba solo, agotado y sin aire. Y a su espalda sentía un aliento frío y, al mismo tiempo, hipnotizante.

Y se durmió. No pudo evitarlo, estaba agotado. Se durmió para sentir cómo esa voz fría a su espalda se volvía puntiaguda, cortante, como el filo de un cuchillo, que lo atravesaba mientras, a lo lejos, oía una voz femenina que lo arrullaba.

Su cuerpo lo encontró el domingo por la noche su novia. El pulso, acelerado. El corazón, en la boca. La respiración, entrecortada y nerviosa. Alterada y sudando, telefoneó a la policía. No fue capaz de articular palabra. Los servicios de urgencia la encontraron junto al cadáver en estado de shock.

La autopsia no pudo desvelar las causas de la muerte. En el informe el forense estampó un escueto ataque al corazón. Estaba desconcertado. El cuerpo no tenía ni un solo rasguño y, sin embargo, su corazón… Atravesado… No podía ser. Por eso lo solucionó con un  escueto ataque al corazón. Y se fue a su casa, se metió en la cama y se quedó dormido, para despertarse horas después, en medio de la noche, alterado y sudando.

Fuente de la fotografía: Sleep all day de sharmili r

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Acerca de Guillermo Gómez Muñoz

Soy profesor de ELE en la Universidad de Deusto y escritor a tiempo incompleto.
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