Morituri te salutant (XXI)

Entiendo que me despidieran. Al fin y al cabo, era consciente de que mis actos podían acarrear consecuencias. Soy impulsivo pero no estúpido. Pero de despedirme a denunciarme… Eso sí que no logro entenderlo. Todos me daban la razón, aunque ninguno se atreviera a decirlo en voz alta. ¡Cualquiera podía haberlo hecho! Cualquiera con dos dedos de frente y un poquito de educación. Que lo llevé al límite, es posible. Pero vosotros me entendéis: estaba hasta las narices. Y hay cosas que no deben hacerse. Es así y ya está. No deben hacerse. Y si se hacen y encima se repiten y se repiten, pues al final uno estalla. Y yo estallé.

Como profesor me puede molestar que un alumno no calle, que otro me copie en un examen, que un padre me falte al respecto, que un compañero me deje en mal lugar. Sí, todo eso me molesta, me cabrea, discuto, echo al alumno del aula, lo castigo sin salir al patio. Pero no es nada comparado con aquello. Además, con premeditación y alevosía. Porque sabía que me molestaba. Yo creo que fue una venganza. ¿Pero por qué? Quizás porque me quedé con el puesto de director de estudios. O porque aquella noche, después de la cena de profesores, a Julia me la ligué yo. Puede ser. Siempre me pareció una persona mezquina y malintencionada. Sabía perfectamente que no nos llevábamos bien. Pero tampoco saltaban chispas. Sin más, convivíamos. Pero entonces…

Todo comenzó una mañana. De repente. Hasta entonces nunca me había ocurrido. Cuando entraba en el aula, siempre estaba limpia. Pero aquella mañana, a segunda hora, cuando entré a mi clase de latín… ¡Toda entera! ¡Escrita de arriba abajo y de izquierda a derecha! Fórmulas, X, Y y Z. ¡Por todas partes! Casi me desmayo. Sentí cómo mis piernas temblaban. Tuve que salir de clase a tomar aire. Respiré. Un, dos, tres. Volví a respirar hondo. Cuatro, cinco, seis. Y entré de nuevo al aula. Por un momento pensé que todo era fruto de mi imaginación, que al abrir de nuevo la puerta del aula estaría limpia. Pero no. Estaba toda pintarrajeada. Así que, sacando fuerzas de flaqueza, cogí el borrador y deshice el desaguisado. La dejé limpia, como debía ser. Limpia y preparada para poder escribir sobre ella. Pero lo que parecía un desliz involuntario, se convirtió en una hiriente rutina. Así, sucia y completamente pintarrajeada, me la encontraba cada día al entrar a mi clase, a segunda hora.

Aguanté mucho. Logré templar mis nervios dos semanas. A la tercera, discutimos. Me llamó loco, neurótico, esquizofrénico. Le llamé estúpido, maleducado, cochino. Se rió y me llamó maniático. La dirección del centro le abrió un expediente. Todos me daban la razón, como era lógico. ¿Cómo pudieron denunciarme? Pero su actitud insolente no cejó. Continuaba encontrándome la pizarra sucia todas las mañanas, al entrar a mi clase, a segunda hora. Así que decidí solucionar el asunto a mi manera.

Esa tarde lo cité en un aula con la excusa de revisar la programación de su curso. No quedaban ya alumnos en el centro y los profesores comenzaban también a irse. Cuando entró al aula, todas las luces estaban apagadas, excepto las que iluminaban la pizarra. Una pizarra limpia con una frase escrita con perfecta caligrafía en el centro:

“Debes limpiar la pizarra al terminar tus clases.”

El imbécil debió de pensar que estaba gastándole una broma y se rió.

—¿Así que estas eran las programaciones que teníamos que revisar?

No tuvo tiempo de decir más. Antes de que se diera cuenta, lo ataqué con una bolsa llena de tiza. La puse sobre su boca y dejé que se ahogara en ella. Y se ahogó, en la misma tiza que llevaba meses limpiando por su culpa. Meses almacenándola, meses tramando mi venganza.

A la mañana siguiente, me detuvieron, justo cuando entraba a mi aula, a segunda hora. En aquel momento, sentí un ligero fastidio. No por la detención, sino porque aquella mañana, por fin, mi pizarra volvía a estar limpia.

 

A todos esos que me dejan la pizarra sin borrar.

Para que se lo piensen dos veces.

Fuente de la fotografía: Suzuki blackboard de Charissa.

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Acerca de Guillermo Gómez Muñoz

Soy profesor de ELE en la Universidad de Deusto y escritor a tiempo incompleto.
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3 respuestas a Morituri te salutant (XXI)

  1. @itzitxu dijo:

    Ja, ja, ja, cualquiera se atreve…

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  2. Ana dijo:

    Jajajajajajjaja. Yo no he sidoooooooooooooo, pero … conozco a alguien que lo hace.

    Me gusta

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