
Hoy comienzo una nueva sección en este blog. En ella pretendo hablar sobre mi proceso de elección y determinación de un tema de memoria y el posterior desarrollo de la misma. Y para hacer más ameno mi proceso de reflexión, usaré la metáfora del embarazo, para nada ingeniosa -por manida y usada en exceso- pero, a mi parecer, sumamente clara y significativa en casos como el que nos compete.
Para dejar las cosas claras, he de decir que mi memoria de máster está en proceso pre-embrionario. ¿Qué quiero decir? Algo tan simple como que mi memoria de máster aún no es ni siquiera una idea. En estos momentos tengo la cabeza tan sumamente ocupada con las asignaturas que me restan para completar este periodo final y con los quebraderos de cabeza del trabajo, que apenas he tenido tiempo para darles vueltas en mi cabeza a las ideas que fueron surgiendo durante la fase presencial en Barcelona. Digamos que mi proyecto de memoria, en este momento, no es más que un espermatozoide perdido en la inmensidad de su soledad, rodeado de otros tantos seres iguales a él y, por lo tanto, inservibles para realizar un nuevo ser, en palabras más prosaicas, una memoria de máster. En definitiva, una idea remota, solitaria, y en consecuencia, pura idea, como ese «ser» de la imagen que se cree fuerte, debido a que aún no se ha enfrentado a la dura realidad, a la carrera por ser el primero. Una idea no contrastada con la bibliografía pertinente y apenas dialogada con nadie más que conmigo mismo.
Introduciré brevemente en qué consiste semejante vacío. En primer lugar, diré que quiero que mi memoria de máster se centre en una de las destrezas comunicativas: la expresión escrita. Tras comentarlo con Vicenta, llegué a la conclusión de que podía ser muy interesante elaborar una investigación -lo más acotada posible, para evitar expandir demasiado el tema- acerca de las creencias que tienen los profesores cuando proponen a sus alumnos la realización de actividades de expresión escrita. Con este fin, mi idea es centrarme en la clase de uno o dos de mis compañeros de trabajo que imparten clases de español. Por otro lado, la organización de algunos cursos de español en mi departamento puede facilitarme las cosas, ya que los cursos de español avanzado (B2 y C1) se dividen en tres módulos: gramática, composición y conversación.
Concretando mínimamente, creo que lo más lógico sería partir exclusivamente de una actividad del módulo de composición. Previamente, entrevistar al profesor o profesores para conocer cuáles son los objetivos que pretende trabajar con esa actividad, qué expectativas tiene, etc. A continuación, se observarían las sesiones en las que se trabaja dicha actividad y se pasaría un cuestionario a los alumnos en el que se abordarían temas como qué creen que han aprendido con esa actividad, etc. Todas estas herramientas se complementarían con un cuestionario pasado al profesor/es en el que se buscaría ahondar en sus creencias implícitas acerca de la didáctica de expresión escrita. Finalmente, se analizaría toda la información recogida y se contrastarían las expectativas del profesor/es con las percepciones de sus alumnos.
La verdad es que, después de poner por escrito mis ideas, me da la sensación de que la fase pre-embrionaria no es un vacío tan hondo como yo pensaba. 🙂 Se agradecen todo tipo de aportaciones, críticas, toñejas virtuales e insultos respetuosos.



