La tregua de Mario Benedetti

Lunes 20 de mayo

El plan trazado es la absoluta libertad. Conocernos y ver qué pasa, dejar que corra el tiempo y revisar. No hay trabas. No hay compromisos. Ella es espléndida.

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TVE me indigna #acampadasol

No he podido evitarlo. Fíjate que he estado intentando comedirme hasta encontrar las palabras justas y constructivas con las que hablar sobre los días tan emocionantes que estamos viviendo. Quería escribir una entrada en este blog en la que no apareciera la palabra «indignación» o cualquiera de sus derivados sino más bien palabras constructivas, en las que se recogieran propuestas. Pero no lo he podido evitar. Ha sido ver el telediario y llenarme de indignación.

Porque me indigna que un canal «público» que aspira a ser imparcial, o cuanto menos plural,  le dedique al movimiento de las acampadas alrededor de 30 segundos y que esos 30 segundos se centren en la pegada de carteles en los establecimientos colindantes a la acampada de Sol. Y cuidado, no es que me parezca que los medios no tengan que informar de esta noticia, pero creo que al mismo tiempo deberían informar sobre otras tantas cosas que están ocurriendo en muchas plazas de España. No quedarse en lo anecdótico sino informar de verdad y dedicarle un tiempo que hasta el momento no le han dedicado a uno de los movimientos sociales más interesantes de los últimos años. Y sobre todo, cuando el medio en cuestión es público.

Por otro lado, y ya para terminar, la crítica que se lanzaba a la acampada de Sol por la pegada de carteles en los comercios colindantes creo que debiera subrayar (y por esta parte la crónica de TVE ha pasado de puntillas) el hecho de que la asamblea ha decidido retirar parte de los carteles, los que afectaban al pequeño comercio. Y es que, por lo menos, en este movimiento cabe la autocrítica y el aceptar los errores, algo de lo que tendrían que aprender muchos políticos profesionales.

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El comercio justo: presentación en el aula

El otro día en clase una estudiante, Anna Gurayevskaya, preparó una presentación sobre el Comercio Justo usando Prezi. No soy un gran fan de esta herramienta porque creo que a veces al creador de la presentación se le va la mano con los efectos. Sin embargo, esta presentación ha conseguido mezclar lo visual con el contenido de una forma muy interesante. Espero que os guste:

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Indígnate #acampadabilbao

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El guardián entre el centeno de J. D. Salinger

Tengo que confesar que me ha costado más de medio libro engancharme a esta novela. Incluso he estado a punto de dejarla. Pero, animado por la fama que la rodea y por el misterio que encierra su título, continué leyendo. Y pasada la mitad del libro, tengo que reconocer que me he enganchado y no he podido dejarla hasta el final. No diría que es un libro imprescindible, pero sí una buena novela con algunos momentos irrepetibles, sobre todo la relación del protagonista con su hermana pequeña. Y precisamente de uno de esos momentos está extraída la siguiente cita. Aviso para navegantes, en la cita se descubre de dónde viene el enigmático título de la novela, así que si no la habéis leído, mejor leedla primero. Si no, vais a perder parte de su encanto.

El protagonista y su hermana pequeña hablan en el dormitorio de esta última. Ella le pregunta qué quiere ser de mayor. Y aquí va su respuesta:

– ¿Te acuerdas de esa canción que dice, «Si un cuerpo coge a otro cuerpo, cuando van entre el centeno…»? Me gustaría…

– Es «Si un cuerpo encuentra a otro cuerpo, cuando van entre el centeno» -dijo Phoebe-. Y es un poema. Un poema de Robert Burns.

– Ya sé que es un poema de Robert Burns.

Tenía razón. Es «Si un cuerpo encuentra a otro cuerpo, cuando van entre el centeno», pero entonces no lo sabía.

– Creí que era, «Si un cuerpo coge a otro cuerpo» -le dije-, pero verás. Muchas veces me imagino que hay un montón de niños jugando en un campo de centeno. Miles de niños. Y están solos, quiero decir que no hay nadie mayor vigilándolos. Solo yo. Estoy al borde de un precipicio y mi trabajo consiste en evitar que los niños caigan a él. En cuanto empiezan a correr sin mirar adónde van, yo salgo de donde esté y los cojo. Eso es lo que me gustaría hacer todo el tiempo. Vigilarlos. Yo sería el guardián entre el centeno. Te parecerá una tontería, pero es lo único que de verdad me gustaría hacer. Sé que es una locura.

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Morituri te salutant (II)

A @educoaching porque con su tweet

me sentí retado a perturbar su calma.

Era de noche. Como cada día cuando iba a trabajar. No le gustaba trabajar por la noche, mientras todos dormían. En realidad, lo odiaba, aunque lo había elegido él. Pagaban bien y era un trabajo tranquilo. Le permitía vivir mejor que la mayoría de sus amigos. Y eso le chiflaba. De todos modos, hacía tiempo que estaba cansado. Quería cambiar. Encontrar un trabajo distinto, por el día, de 9 de la mañana a 6 de la tarde. Como todo el mundo. Con café a las 12 y dos horas para comer. Pero, a decir verdad, no había buscado nada. Todos los días se quejaba de su mala suerte, pero no hacía nada por remediarla.

Era de noche, cuando salió del portal. Como todos los días laborables. Y la calle estaba desierta. Vacía, silenciosa e iluminada por la luz ambarina de las farolas. Una iluminación sombría y mortecina. Un par de bombillas, en su último estertor, coloreaban su calle con tonos umbríos y solitarios. Caminó hasta su coche. Estaba al final de la calle, esquina con Tívoli. Las obras del metro impedían aparcar frente a su portal, así que cada tarde tenía que vérselas y deseárselas para encontrar una plaza de aparcamiento. No se oía un ruido, solo sus pasos y su respiración agitada. Siempre agitada, a esas horas, cuando salía a buscar su coche para ir al currelo, siempre nerviosa, la calle vacía y solitaria y su cuerpo alerta, atento a cada eco. Sintiendo siempre presencias que no eran más que falsas alarmas: un gato que cruzaba la calle, un perro callejero que ladraba, un borracho que gritaba a lo lejos o su imaginación truculenta y morbosa. O, incluso, su propia sombra.

Cuando llegó al coche y metió la llave en la cerradura, sonrió. Se sentía seguro. Era su coche. Un lugar con puertas y ventanas, con cerraduras. Su refugio, cuando estaba fuera de casa. Su alivio. Su calma… Pero hoy seguía nervioso. Continuaba notando una presencia, como tantos otros días. Pero la sensación no se había disipado al llegar a su automóvil, como tantos otros días. Miró a su alrededor. Calle arriba: nadie. Calle abajo: nadie. Estaba solo, como cada día laborable cuando salía de casa para ir a trabajar.

Se sentó en el coche y cerró la puerta con decisión. Estaba nervioso. Cuando arrancó el coche, el malestar todavía no había desaparecido. Era extraño, para entonces siempre se sentía protegido. Pero hoy no. Pisó el embrague y metió marcha atrás. Su coche, su refugio, su alivio. Su calma… ¿Qué pasaba hoy? Sin duda, se había levantado con el pie izquierdo. Quitó el freno de mano. Su coche, su refugio. Su calma… Siempre había sido un cagado. Desde el colegio, cuando sus compañeros le llamaban cobardica. Y lo seguía siendo. Un cobardica sin remedio. Levantó la vista y posó sus ojos en el retrovisor. Se asustó. Le había parecido ver una sombra en el coche aparcado justo tras el suyo. Un viejo 4×4, lleno de barro. Su coche. Su calma… Se le erizó el vello de los brazos. Le temblaban las manos, pero consiguió dominarse. ¡Estás idiota hoy! Empezó a levantar el pie del embrague y levantó de nuevo la vista para mirar por el retrovisor. Miraba por el retrovisor cuando las luces del jeep se encendieron casi cegándolo. Y oyó el ruido de un motor que arrancaba. Y un escalofrío recorrió su espalda.

Su calma…

Fuente de la fotografía: fotografía de fontplaydotcom

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El guion de teatro de este semestre

Como todos los años por estas fechas, mis alumnos estadounidenses están a puntito de estrenar, delante de sus profesores y sus compañeros, el guion que han escrito durante la clase de Practicum, un curso de español a través del teatro (y también de la cocina, en la otra sección del curso). Este semestre he vuelto a trabajar con el texto de José Luis Alonso de Santos titulado «Una verdadera mártir» y recogido en el libro Cuadros de amor y humor, al fresco.

Como siempre, el resultado es bastante muy, absurdo. Aunque también hay que explicar que este absurdo general que domina el texto tiene una razón: antes de trabajar con el texto de Alonso de Santos, habíamos creado personajes para otra actividad y alguno de esos personajes son los que luego mis alumnos han introducido en su guion. Por eso aparecen tantos superhéroes antihéroes con estrepitosos fracasos a sus espaldas. El resultado es muy divertido, aunque tengo que reconocer que, para un lector o espectador externo al grupo, probablemente no lo sea tanto. Se pierden buena parte de los chistes que surgieron en el proceso de creación y que dieron lugar a los personajes, a sus nombres y a su devenir en la historia. De todos modos, espero que os guste.

Guion Practicum Primavera 2011http://www.scribd.com/embeds/54959034/content?start_page=1&view_mode=list&access_key=key-ezn60xuz9agfv8iloc2(function() { var scribd = document.createElement(«script»); scribd.type = «text/javascript»; scribd.async = true; scribd.src = «http://www.scribd.com/javascripts/embed_code/inject.js»; var s = document.getElementsByTagName(«script»)[0]; s.parentNode.insertBefore(scribd, s); })();

Algunos guiones de cursos anteriores:

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Clasificados (VI)

BUSCO una palabra como un silencio

capaz de refugiarse en una lágrima

liviana frágil cálida y cercana

azul nocturna lírica y sincera

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Actividad: Hacer suposiciones sobre un cortometraje (II)

Revisando en el borrador de mi blog, me he dado cuenta de que no le había dedicado un post al cortometraje titulado Maestro, un vídeo que vengo usando desde hace tiempo en mis clases y que me encanta.

El vídeo como recurso didáctico: ¿Quién es el Maestro?

Nivel de la actividad: A partir de A2.
Destrezas activadas: La comprensión audiovisual y la interacción oral.
Objetivos de la actividad: El objetivo es que los alumnos vean un cortometraje y hagan suposiciones sobre su argumento y descubran qué es lo que ocurre antes de que llegue el final. Pueden usar estructuras como «Yo creo que…», «Yo supongo que…», «Estoy seguro de que…», «No creo que…», etc. El vídeo es muy propicio para hacer suposiciones porque, a no ser que tengáis a algún alumno muy avispado, normalmente hasta el mismísimo final no se capta qué es lo que está ocurriendo.
Material necesario: El siguiente cortometraje, titulado Maestro:
http://www.dailymotion.com/swf/video/x11osg?theme=none
28_Maestro por Corrie_hll
Cortometraje del Maestro: reloj de cuco

Tiempo de preparación: Lo que se tarda en descargar el corto por si acaso funcionara mal internet en el aula, es decir, ¿tres minutos?
Desarrollo de la actividad: Si habéis leído la actividad que presenté hace bien poco aquí mismo con el vídeo The note, la dinámica para explotar este corto es exactamente la misma. La idea es anunciar a los alumnos que van a ver un cortometraje pero que tú vas a detenerlo cada poco tiempo para que ellos hagan suposiciones sobre su desarrollo. La idea es que hagan suposiciones, fundamentalmente, sobre el personaje que lo protagoniza. El cortometraje es muy breve, así que hay que elegir bien en qué momentos se detiene para que los estudiantes intervengan. La idea es hacerles preguntas y que ellos respondan expresando su opinión.
Valoración de la actividad: La actividad funciona bien, aunque es mejor el cortometraje The note porque es más sorprendente y da más juego. Si algún alumno capta desde el principio el quid de la cuestión, la actividad pierde parte de la gracia. En cualquier caso, como actividad para desencadenar un poco de debate en el aula y que los alumnos se relajen, está muy bien.

¿Qué otros cortometrajes o vídeos usáis normalmente en vuestras clases?

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El imperio de Ryszard Kapuścińsky

Los libros de Ryszard Kapuścińsky son siempre un descubrimiento deslumbrante. Tienen algo (no sabría definir qué) que consigue mantenerme en vilo, desde el inicio hasta el final, como si fueran novelas. Especialmente, destacaría El sha o la desmesura del poder, un reportaje polifónico, una exposición de fotogramas (con palabras), que consigue retratar y explicar a la perfección la caída del sha de Persia. Si, además, la lectura de este libro se complementa con los cómics de Marjane Satrapi, titulados Persépolis, la visión de conjunto sobre el tema es excepcional.

Ahora mismo tengo entre mis manos El imperio, en el que el periodista trata de ofrecer su particular visión sobre la URSS. Lo más interesante: nuevamente, su forma de escribir, como si sus libros fueran un reportaje plagado de fotografías y entrevistas a diferentes actores. A eso se suma el que la visión que ofrece se centra siempre en la intrahistoria y a partir de ella ayuda a comprender la Historia con mayúsculas. Pero a lo que iba. Leyendo este libro me he encontrado con este fragmento delicioso que, a continuación, recojo:

Las flores nunca huelen para ellas mismas, sino siempre para alguien. Al sentir el tacto, la flor reacciona despidiendo fragancia; es ingenua y coqueta: quiere gustar a todos.

Por situar la cita, Kapuścińsky llega a Azerbaiyán y se encuentra con Gulnara Guséinova, una mujer que ofrece una extraña cura, recetada por el profesor Gasánov, para distintas dolencias: aspirar el aroma que desprenden las flores. Cuando Kapuścińsky le pregunta a Gulnara, estudiante de medicina, si realmente cree en la efectividad de su método curativo, ella le da esta contestación (otro fragmento delicioso que no puedo resistirme a ofreceros):

Le pregunto a Gulnara, que es estudiante de medicina, si cree que una flor puede curar a una persona. Y curarla no desde el punto de vista psíquico, pues tal posibilidad sí está demostrada, sino curarla físicamente, como por ejemplo conferir elasticidad a una célula en proceso de descalcificación. Gulnara se limita a sonreír. Solo dice que vienen a verla para tratarse gente de todo el mundo. Y subraya: incluso de América. El método del profesor Gasánov, que, precisamente, consiste en aspirar aromas de flores, ya se ha hecho famoso.

Creo que a Gulnara le cautiva, igual que a mí, el cariz estético de este método, como también su amenidad y bondadosa sabiduría. A fin de cuentas, ¿qué ha de hacer el profesor con un anciano que lleva más de siete décadas a cuestas y que no se acuerda ni de cuándo nació? Claro que podría meterlo en una habitación de hospital atestada de enfermos, en la fetidez del cloroformo y del yodo. Pero ¿para qué? ¿No es más hermoso un ocaso que huele a flores que uno que hiede a cloroformo? De modo que cuando viene a verlo alguien que debe consultar el carnet de identidad para poder facilitarle su fecha de nacimiento y se queja de que algo le enturbia la cabeza, el profesor, tras escucharlo con mucha atención, le prescribe en una hoja: «Rp.: Hojas de laurel. Diez minutos al día. Durante tres semanas.» Y ya ven ustedes, dice Gulnara, multitudes de gente acuden al profesor. Hay que esperar para una visita.

Fuente de la fotografía: Ryszard Kapuścińsky

Origen de la cita: Ryszard Kapuścińsky (1993): El imperio, Barcelona, Anagrama, pp. 63-64.

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