¿La magia del profesor?

Después de leer la más que acertada reflexión de Mar Galindo, en su blog, sobre los diez errores que un profesor debe evitar el primer día de clase, me ha sido imposible no escribir esta breve reflexión (o desvarío) sobre un fenómeno que llamaremos la magia del profesor.

small__3248483447Después de ser alumno de idiomas durante muchos años y profesor de ELE durante los últimos diez, hay una cuestión que ha aparecido y reaparecido varias veces durante todo este tiempo. La explica Mar al final de su entrada. Tras una primera clase metodológicamente terrible, diría más, afectivamente desastrosa (en lo que se refiere a crear un vínculo entre el profesor y sus estudiantes), sin embargo, los alumnos salen del aula con una única impresión: la profesora es maja. Esta experiencia la he vivido en un sinfín de ocasiones, sobre todo en encuestas de evaluación de cursos. Da igual la metodología innovadora que emplees, el tipo de actividades, el material, la programación. En general, con lo que se queda un número importante de alumnos de idiomas es con si el profesor era majo o no.

Vale, exagero. Aunque no tanto. Quién no ha salido de un curso de idiomas pensando que el profesor era un desastre, que no aprovechaba el tiempo de la clase, que no fomentaba la comunicación, que carecía de programación, en definitiva, que no había por dónde cogerlo y, sin embargo, cuando intercambiaba un par de palabras distendidas con sus compañeros de curso descubría que todos estaban encantados con él o ella por el simple argumento de que “es muy majo” y “muy enrollado” y “qué divertido es” y etcétera, etcétera, etcétera. En conclusión, la magia del profesor, una magia que, aparentemente, no se aprende y que tiene más que ver con la forma de ser que con la didáctica o la pedagogía.

¿Tenemos que dejar que todo esto dependa exclusivamente de la magia del profesor? ¿No nos estaremos olvidando de una competencia sumamente importante para el proceso de enseñanza-aprendizaje? ¿No estaremos quizás dando demasiada relevancia a la motivación del alumno y olvidando la “motivación” del profesor? En los programas de formación de profesores de ELE dedicamos mucho tiempo a la didáctica de la lengua y muy poco a los aspectos emocionales del aprendizaje y, generalmente, cuando lo hacemos, nos centramos en el alumno y en su motivación, elemento vital, sin duda, pero tan relevante como el profesor y su motivación o, mejor dicho, su competencia emocional y social. ¿Adónde quiero llegar? Quiero llegar al hecho de que, al igual que en otras muchas profesiones en las que se trabaja con personas, quizás deberíamos darle una mayor importancia a los aspectos emocionales que surgen de esa relación entre profesional y usuario.

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“Los aspectos emocionales son la fachada con la que como profesores nos mostramos a los alumnos.”

En el caso específico de la enseñanza, percibo que esa inteligencia emocional de los profesionales se trabaja bastante con los futuros maestros de primaria; algo, con los de secundaria y bachillerato; y nada o casi nada con los de alumnos adultos. ¿Por qué? ¿Es que acaso los profesionales que nos dedicamos a la enseñanza de adultos somos todos personas perfectamente competentes en las habilidades sociales o en aspectos tan importantes para cualquier proceso educativo como la empatía?

Demasiados interrogantes y pocas respuestas. La metodología, el enfoque, la programación son más bien cimientos sobre los que construir el aprendizaje, pero todos los aspectos emocionales son la fachada con la que como profesores nos mostramos a los alumnos. Por tanto, la conclusión es clara: deberíamos dedicar más tiempo del que dedicamos al trabajo con los aspectos emocionales del proceso de aprendizaje, tanto por el lado del alumno como del profesor, y no dejarlo todo a expensas de esa supuesta magia de algunos profesores.

La magia también se aprende. O eso dicen.

Fuente de las fotografías:

The Wizard

Let’s do magic

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22 pensamientos en “¿La magia del profesor?

  1. Hola Guillermo,
    Me ha parecido muy interesante este post. He leído la experiencia de Mar galindo, la reflexión final a la que te refieres y vuestros comentarios. Por un lado, creo que muchos estudiantes no se atreven a ser críticos con sus profesores, tal vez debido a una tradición educativa que nos ha transmitido esa imagen del profesor como poseedor y transmisor de la verdad, figura incuestionable, que problablemente no esté del todo superada. Por otro lado, me parece que, en general, no solo en el ámbito de la enseñanza-aprendizaje (de lenguas), en muchas ocasiones nos dejamos llevar por el buenrollismo o el “majismo” (“es muy majo/a”) porque tenemos miedo a que se interprete nuestra retroalimentación como algo negativo, no constructivo, etc. De alguna manera tengo la sensación de que todo esto está relacionado con el modo en como percibimos el error, no como una fuente de aprendizaje, de transformación, de mejora y de conocimiento, sino como fracaso, como algo irrevocable, decepcionante, etc. Justo hoy vía Boris Mir, profesor de enseñanza obligatoria, leía una reflexión muy breve e interesante sobre la necesidad de prestar atención e interés más que de elogiar o premiar. Me parece que viene al caso: http://vistazo.tumblr.com/post/64665219010/necesitamos-atencion-no-elogio

    ¿Qué sensación tienes, respecto a la competencia emocional y social relacionada con el aprendizaje basado en el error, en la resolución de problemas, y en cómo encaramos todo esto los profes, Guillermo? Personalmente no lo tengo del todo claro, aunque hay formadores que me han abierto esta puerta, también muchos casos de profes en la red que comparten reflexiones y experiencias, y compañeros en algunos centros donde he trabajado.

    Gracias por tus reflexiones, Guillermo.

    Un abrazo,

    Vanessa

  2. Un placer leerte siempre… Como he dicho en el blog de Mar Galíndez (que he descubierto por el tuyo), yo he conocido al profesor que prepara con gran esmero las clases, dedica horas y horas a la elaboración de material, pero luego, delante de los alumnos, les falta algo, o no son muy simpáticos… Y los comentarios de los alumnos no son demasiado positivos (los típicos comentarios, “no explica bien”, “no me gustan las clases”)… Al final para ellos cuenta más la parte afectiva que las horas de preparación. Un abrazo desde Gabón. Minerva.

  3. Pingback: La magia del profesor

  4. Pingback: ¿La magia del profesor? | Profesor de EL...

  5. Yo tuve una profesora de alemán que se lo curraba mogollón y, en mi opinión, enseñaba bien. Pero no era maja. La gente no iba a gusto a su clase y tuvo movidas con los alumnos. ¿Por qué? No se paró a pensar en la motivación de sus alumnos. Lo que para ella una pasión para todo el día y un buen modo para dar rienda suelta a la competitividad, para la mayoría de los alumnos, apasionados o no, por diferentes motivos era una cuestión que se limitaba al rato de la clase, con suerte poco más. Y por supuesto, para los alumnos no era algo por lo que preocuparse por tener buenas notas.

    La verdad es que dar una clase de idiomas teniendo como meta aprobar un puto examen, es la mejor forma de ralentizar, cuando no detenerlo del todo, el proceso de aprendizaje. Especialmente cuando lo que quieres es aprender a hablarlo, no saberte al dedillo la gramática, o apuntar otro título en el currículum.

    Yo ese curso acabé bien porque se me daba bien y además le caí en gracia, pero me llamaba vago cada día y si llego a caerle mal, me habría jodido en el examen solo por no estudiar en casa. Ahí es nada.

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  7. @rutqucr: El tema de la motivación a la hora de estudiar un idioma y su influencia sobre el proceso de aprendizaje me ha interesado siempre mucho. Me parece curioso que una profesora, aparentemente, tan apasionada no lograra insuflar un poco de ese entusiasmo en sus alumnos.

    @Minerva: Gracias por pasarte por aquí para comentar. El tema de lo afectivo puede llegar a ser muy frustrante para el profesor (y para el alumno). Por eso creo que tendría que tener más relevancia en los procesos formativos. Quizás formación sobre habilidades sociales (no todo el mundo las tiene muy desarrolladas), sobre empatía…

    @Vanessa: El tema del tratamiento del error me parece muy interesante. En nuestra cultura tenemos una visión un poco ambigua, aunque luego en el proceso de aprendizaje, durante muchos años, ha predominado (y yo creo que sigue predominando) un enfoque negativo. No hay más que ver cómo se corrige, generalmente, una redacción: mirando lo que está en rojo.
    La relación entre lo afectivo y el tratamiento del error es muy directa. Pero afecta sobre todo a la parte del alumno, aunque yo creo que es muy diverso según las culturas y las exigencias académicas concretas de cada curso o alumno. De todos modos, yo creo que hay que ir más allá en la competencia emocional y social, no solo quedarse en el tratamiento del error, y ahondar en el tema de la empatía.

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