¿Qué es un filósofo?

Cita

“Un filósofo es, pues, una persona que reconoce que hay un montón de cosas que no entiende. Y eso le molesta. De esa manera es, al fin y al cabo, más sabio que todos aquellos que presumen de saber cosas de las que no saben nada. «La más sabia es la que sabe lo que no sabe», dije. Y Sócrates dijo que sólo sabía una cosa: que no sabía nada.  Toma nota de esta afirmación, porque ese reconocimiento es una cosa rara, incluso entre filósofos. Además, puede resultar tan peligroso si lo predicas públicamente que te puede costar la vida. Los que preguntan, son siempre los más peligrosos. No resulta igual de peligroso contestar. Una sola pregunta puede contener más pólvora que mil respuestas.”

Jostein Gaarder: El mundo de Sofía

Socrates_LouvreFuente de la fotografía: Sócrates

{lang: 'es'}

Entrevistados en ProfedeELE

entrevista-twitter-eleEste viernes a las 12:30 (horario peninsular) la TV de ProfeDeELE nos entrevistará a Manuel Rastrero (@mararu), Héctor Ríos (@rioshector) y a un servidor (@cometa23). Hablaremos un poco sobre Twitter, su uso para crear redes de profesores y sus aplicaciones en el aula. Podéis seguir la entrevista en directo desde el vídeo que os adjunto a continuación o desde la web de TVProfeDeELE. ¡No os lo perdáis!

Fuente de la fotografía: Google + de TV ProfeDeELE

{lang: 'es'}

Cuando una idea me deslumbra

Cuando una idea nace, suele aparecer de repente. Asoma a veces sin avisar y se instala sin miramientos en mi cabeza, sin pedir permiso. Puede ser una palabra, un personaje, una frase enigmática, un final sobrecogedor. No importa. Siempre aparece sin avisar y con la misma velocidad es capaz de desvanecerse.

Semejante imprevisibilidad y fogosidad la convierten en un elemento altamente inflamable. Por eso a las ideas hay que tratarlas con sumo cuidado. De todas formas, se manejen como se manejen es imposible no verse deslumbrado por el intenso resplandor que desprenden momentáneamente, como una foto con flash en medio de la noche.

13883398495_31cacddece_nEn ocasiones, cuando no me ciega exageradamente ni se escurre antes de lograr atraparla, la idea se instala en mi cabeza y entonces comienza la disección. O el desenamoramiento. Porque las ideas son como los flechazos. Cuando llegan, parecen perfectos, sin mácula, brillantes. Pero, cuando toca soportarlos en el día a día, es necesario lidiar con sus imperfecciones. Y las propias. Entonces, lo que parecía una estatua griega con excelsas simetrías, puede convertirse en una pieza de mármol que no sirve ni para adornar el baño de un motel de carretera.

La última fase es quizás la más importante. Es el momento de retocar, pulir, cortar, borrar, corregir. Coger el pedrusco deforme, compararlo con el deslumbramiento inicial y darle forma de nuevo. Lo que queda al final seguramente no se parezca en nada a la idea que le dio vida. Solo yo, como su alfarero, puedo saberlo, aunque en ocasiones incluso determinarlo es complicado.

Por ejemplo, ¿cuánto se parece esta disertación al pistoletazo de salida? Seré sincero: bien poco.

Fuente de la fotografía: April

{lang: 'es'}

Recetario: Cómo cocinar los pronombres de OD y OI

Después de reflexionar mucho sobre aquella descabellada idea del exterminio de los pronombres de OD y OI, he llegado a la conclusión de que quizás sea mejor aprovecharlos para una de esas oscuras pasiones de los profesores de ELE: la gastronomía.

Los pronombres de OD y OI pueden ser estupendos platos para organizar un banquete excepcional. Pero para alcanzar la excelencia es necesario tener en cuenta ciertos detalles que, de no respetarse, pueden convertir el banquete en una pesadilla.

En primer lugar, es importante el orden de los platos. Para asegurar que los ingredientes que formen los platos de OD y OI no sean indigestos, es imprescindible comprobar que se sirven como debe ser, respetando el orden tradicional de un buen menú. El primer plato por delante (OI)  y el segundo a continuación (OD). Los pronombres no gustan de experimentaciones culinarias.

Conjugando comida

Los pronombres de OD y OI pueden ser estupendos platos para organizar un banquete excepcional.

En segundo lugar, es importante recordar a los comensales que el primer plato puede repetirse y que, además del pronombre, podría aparecer su referente. Así que nuestros comensales pueden saciarse y repetir del primer plato hasta reventar. Con el segundo plato, no ocurre lo mismo. Las repeticiones son indigestas y solo se permiten cuando el chef decide lanzarse a ciertas modernidades, como dar un adelanto del segundo plato antes del primero. Pero no es lo más habitual. Solo ocurre cuando el segundo es el plato estrella de la noche y nos interesa destacarlo.

Como suele ser habitual en el mundo gastronómico, el primer y el segundo plato van delante del postre. En el caso de los platos preparados con el OD y el OI no hay cambios a este respecto. El verbo siempre sirve para endulzar un buen menú. Sin embargo, algunos chefs entregados a la vanguardia culinaria presentan esporádicamente menús con el postre por delante. En cualquier caso, la vanguardia afortunadamente nunca trastoca el orden de los otros platos.

Por último, cabe destacar que los ingredientes que conforman y aderezan los platos de OD y OI son muy parecidos, por lo que algunos comensales poco experimentados tienden a confundir los primeros y segundos platos. Estas confusiones son habituales y, en algunos casos, aceptadas de forma muy generalizada. Pongamos el ejemplo del «leísmo a las finas hierbas», un plato que algunos cocineros catalogan en la carta de primeros y otros, en la de segundos platos. Sin embargo, es preciso andar con cuidado dado que no todas las conclusiones pueden ser igual de exquisitas. Se conocen casos de indigestiones e intoxicaciones alimenticias causadas por «laísmos al curry» y «loísmos rellenos de txangurro».

En un terreno menos problemático para la salud, se mueven los primeros platos camuflados de entremés. Suelen destacar por un fino rebozado que los hace aparentar lo que no son: ese enigmático plato de la gastronomía patria que es el «se». Ándese con ojo al degustarlo porque este «le con gabardina» tiene un sabor explosivo en boca.

Espero que estos humildes consejos sean de provecho tanto a los chefs más avezados como a los comensales noveles del mundo ELE. Bon appétit!

Fuente de la fotografía: Conjugando comida

{lang: 'es'}

Lijar para empezar de nuevo

Pensando en otras cosas, me ha venido a la mente una imagen de hace ya algún tiempo. Concretamente, de cuando aún era un crío imberbe, el más bajito de la clase, y estaba en primaria. Por aquel entonces, todos los finales de curso se repetía la misma rutina: lijar los pupitres.

Nuestras clases de primaria en el colegio guardaban un aire añejo que les daba un toque especial. Teníamos pupitres, de los de antes. Viejos pupitres de madera sin barnizar, con su hueco reservado para el tintero, su asiento plegable unido por las patas a la mesa, su cajón bajo la mesa donde esconder tus libros y tus tesoros infantiles. No recuerdo exactamente si los pupitres eran dobles o si los disponían en filas de dos, lo que sí tengo muy presentes es la sensación de vivir durante un curso pegado a un compañero, codo con codo.

small__7738854910

Teníamos pupitres, de los de antes. Viejos pupitres de madera sin barnizar, con su hueco reservado para el tintero y su asiento plegable.

Aquellos viejos pupitres parecían de juguete. No puedo olvidar cómo, ya en bachillerato, nos gustaba visitar las clases de los pequeños y comprobar que era casi imposible encajar, entre el respaldo del asiento y la mesa, nuestros cuerpos ya crecidos. Resultaba gracioso pensar cómo pudimos entrar allí en algún momento.

Como decía, aquellos cursos de primaria siempre terminaban igual: lijando esos viejos pupitres, nuestros compañeros durante todo el curso. Recuerdo a las maestras trayendo lija. La repartían y nos daban la hora de clase para dejar aquellos pupitres relucientes. Las veo buscando alguna excusa para salir de clase durante aquella hora, para escapar de la nube de polvo que en apenas un par de minutos se instalaba en la clase.

Las maestras no eran las únicas que escapaban. También lo hacían, obligados por sus alergias al polvo, algunos compañeros y compañeras. Ellos eran los primeros en salir. Según entraban las lijas, a ellos se los llevaban fuera de clase y debían esperar hasta que las aulas se ventilaran bien y la nube de polvo se desvaneciera. Y esperaban fuera, mientras dentro el resto nos lo pasábamos pipa lijando nuestros pupitres y los de nuestros compañeros exiliados. No recuerdo si a ellos les haría gracia perderse aquel momento, pero siempre me los he imaginado maldiciendo a los ácaros del polvo por impedirles disfrutar de aquella actividad de clase. Porque lijar los pupitres era uno de los momentos más divertidos del curso. Era una actividad en grupo, una actividad propia de adultos, no una actividad de clase.

Lija

Usar la lija para limpiar las marcas que todo un curso había dejado sobre la madera.

Lijar las mesas para acabar el curso. Parece simbólico. Usar la lija para limpiar las marcas que todo un curso había dejado sobre la madera: pequeñas chuletas, declaraciones eternas de amor o de amistad, chistes, diminutas obras de arte… En apenas una hora, todas desaparecían y dejaban el pupitre en blanco de nuevo para acoger, el septiembre siguiente, a un nuevo alumno.

En cierto modo, echo de menos aquellos momentos.  La clase unida en una misma tarea: dar por cerrado un ciclo. Me imagino hoy, con mis clases de estudiantes, llegado el último día de curso, lijando las mesas. Cerrando un curso, limpiando los pupitres, abriendo un nuevo ciclo. ¿No estaría mal, verdad?

Fuente de las fotografías:

Pupitre

Lija

{lang: 'es'}
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...