Leopoldo María Panero: Primer amor

Leopoldo María PaneroHoy he abierto la prensa para descubrir que había fallecido Leopoldo María Panero, un poeta que siempre me ha interesado (aunque no haya leído mucha de su obra) porque en alguna rama de mi árbol genealógico —no tengo ni idea de en qué punto ni a qué distancia— se encontraba él. El hijo loco de los Panero, que se ganó un sillón de pleno derecho en la generación de los llamados Novísimos.

Y como no hay mejor forma de recordar a un poeta que leyendo su obra, comparto con vosotros uno de sus poemas que siempre me ha fascinado.

Primer amor

Esta sonrisa que me llega como el poniente

que se aplasta contra mi carne que hasta entonces sentía sólo calor o frío

esta música quemada o mariposa débil como el aire que quisiera tan sólo un alfiler para evitar su caída

ahora

cuando el reloj avanza sin horizonte o luna sin viento sin bandera

esta tristeza o frío

no llames a mi puerta deja que el viento se lleve tus labios

este cadáver que todavía guarda el calor de nuestros besos

dejadme contemplar el mundo en una lágrima

Ven despacio hacia mí luna de dientes caídos

Dejadme entrar en la cueva submarina

atrás quedan las formas que se suceden sin dejar huella

todo lo que pasa y se deshace dejando tan sólo un humo blanco

atrás quedan los sueños que hoy son sólo hielo o piedra

agua dulce como un beso desde el otro lado del horizonte

Pájaros pálidos en jaulas de oro.

Poesía completa (1970-200), Visor Libros

La negrita es, por supuesto, mía. No son más que los versos que siempre me han encantado de este poema.

Fuente de la fotografía: Panero

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Instagram en la clase de español

Instagram-logoLlevo varios semestres trabajando en clase con Twitter y, en cierto modo, estoy cansado. Tengo ganas de experimentar otras herramientas. Soy un fan de Twitter pero reconozco que en el aula, con mis alumnos, no he logrado sacarle el máximo rendimiento. Así que lo que me queda de semestre voy a hacer la prueba con Instagram.

La idea me surgió este fin de semana mientras disfrutaba de la maskarada de Zuberoa en la Plaza del Teatro Arriaga. Hace tiempo que le doy vueltas a una idea que, en cierto modo, me atormenta. Tengo la horrible sensación de que mis estudiantes extranjeros vuelven a sus países de origen, en general, con los mismos estereotipos sobre la cultura meta de aprendizaje con los que llegaron a Bilbao. ¿El problema? Que nadie les ha hecho conscientes sobre una competencia vital en el aprendizaje de lenguas: la competencia intercultural. O sí son conscientes de ella, pero no en toda su amplitud. Es decir, se han quedado solo con una parte de la competencia, la primera y no por ello menos importante, pero al quedarse en esa etapa se puede decir que su competencia intercultural está muy débilmente desarrollada.

El tema me resulta especialmente sangrante porque mis inicios en el campo de la investigación, allá en el último año de Filología Hispánica, preparando mi proyecto de fin de carrera, se dieron precisamente en el área de la competencia intercultural. En aquel trabajo, analicé cómo se trataba el tema en los manuales de ELE y elaboré una propuesta teórica para tratar de secuenciar el desarrollo de la competencia. Para los interesados en el tema, hay un breve resumen en el Cuaderno Intercultural y el acceso libre al proyecto en Segundas Lenguas e Inmigración.

Por resumirlo en un párrafo, la propuesta teórica distinguía cuatro etapas de desarrollo de la competencia intercultural: imaginar al otro, pensar al yo, repensar al otro y construir el nosotros. A cada una de estas etapas se asociarían actitudes y estrategias de afrontar el encuentro con el otro, actitudes y estrategias que se podrían trabajar de forma secuencial en los manuales de ELE. Como podéis imaginar, el trabajo se quedó en la parte teórica y nunca tuvo una aplicación práctica. Al menos de momento.

En cualquier caso, volviendo a mis alumnos. Lo que vengo observando es que, en general, tras pasar en torno a cuatro meses aquí, vuelven a sus países de origen sin haber pasado de la primera fase de desarrollo de la competencia intercultural: imaginar al otro. Su visión sobre la cultura en la que han vivido inmersos sigue plagada de estereotipos, explicaciones simplistas y generalizaciones absurdas. En ningún momento han dado el salto a las etapas críticas y reflexivas, primero sobre su propia cultura para, posteriormente, analizar de nuevo la cultura de la lengua que están aprendiendo.

Por ello, mientras el poso de estas reflexiones se iba enmoheciendo en mi cabeza, este fin de semana, mientras veía e inmortalizaba la maskarada de Zuberoa, se me ocurrió una idea: ¿por qué no usar Instagram para practicar su español y, al mismo tiempo, desarrollar su competencia intercultural? Y manos a la obra. Le di una vuelta y el martes les lancé una mínima idea: ¿qué os parece si usamos Instagram en clase? La respuesta fue muy positiva, así que hoy he ido a clase con la siguiente propuesta:

Esta es la ficha del proyecto que les he repartido hoy para ponerles la miel en los labios. A continuación, os la desarrollo un poco.

El proyecto se dividirá en tres fases:

  • Primera fase (lo que ven): La empezaremos este fin de semana. Está descrita en la ficha que les he entregado hoy. El primer paso es abrir una cuenta en Instagram (si no la tienen ya). A continuación, durante un par de semanas o tres (está por decidir), tienen que publicar, como mínimo, dos fotografías. El tema: Cosas que les llamen la atención en las calles de Bilbao (o en sus casas de acogida o apartamentos) porque en sus países son diferentes. Es decir, el objetivo consiste en trabajar la primera fase de la competencia intercultural. Partir de lo diferente, lo peculiar, lo que no se entiende. Una realidad que está más imaginada que pensada. Las fotografías las tienen que acompañar de un título en el que expliquen por qué les llama la atención. Además, incorporarán la etiqueta #espnico, para seguir fácilmente el proyecto.
  • Segunda fase (lo que son): Este segundo momento, aún no se lo he explicado, aunque lo podrían intuir teniendo en cuenta los objetivos que les he planteado. Consistirá en publicar fotografías (que ellos han hecho o que busquen en internet) sobre aspectos de su cultura que al resto pudieran llamarnos la atención. El objetivo, que esa mirada crítica con la que han analizado la cultura en la que ahora mismo están inmersos la desplacen a su propia cultura, para que se den cuenta de que su realidad cotidiana no es la de todo el mundo. En definitiva, que desarrollen estrategias de relativización.
  • Tercera fase (lo que nos une): Y después de ese proceso de relativización, llega el turno de buscar qué aspectos compartimos. El objetivo consiste en que se den cuenta de que compartimos mucho más de lo que nos diferencia. Para ello, tendrán que publicar nuevas fotografías de lo que encuentren aquí, cosas que no les sorprendan porque también las sienten como suyas. Esta última fase me interesa especialmente. Tengo mucha curiosidad por ver qué fotografías cuelgan.

Seguro que alguno se está preguntando, ¿y cómo lo vas a evaluar? De momento de ninguna forma. Quiero decir de ninguna forma “formal”, valga la redundancia. No va a tener una nota. Pero sí que iremos hablando sobre nuestras fotografías en clase para compartir las ideas que nos surjan. Se podría decir que esta va a ser una experiencia piloto.

Y para terminar, llega mi turno de hacer preguntas. ¿Qué os parece? ¿Lo enfocaríais de forma diferente? ¿Qué cambios le haríais? ¿Qué se me ha olvidado? Cualquier sugerencia, crítica, propuesta será más que bienvenida. ¡¡Gracias!! Por adelantado.

Fuente de la fotografía en la ficha del proyecto: Homesickness, por Kalexanderson.

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Bendita rutina rutinaria o la extraña pareja de los mundos paralelos

La rutina. Esa pescadilla que se muerde la cola a diario. Ese balanceo equilibrado que se busca y se evita a partes iguales. Ese miedo a caer en el tedio. Ese ansia de paz. Rutina.

Confieso que tengo una relación de amor-odio con la rutina. A un lado, cada día aborrezco más madrugar. Nunca me ha costado, pero con los años se está convirtiendo en una costumbre cada vez más odiosa. Al otro, la rutina tiene un ritmo cuya cadencia me relaja. No niego que me importaría caer en rutinas diferentes. Mentiría. Otras rutinas con ritmos diferentes y diversos, pero candencias relajantes, al fin y al cabo.

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“Lo que me encanta de la rutina es el paseo matutino al trabajo.”

Sin embargo, lo que más me gusta de la rutina no es su ritmo. Lo que me encanta de la rutina es el paseo matutino al trabajo. Seguro que alguno piensa que se debe a que tengo unas vistas impresionantes de camino a la universidad. Y no se equivoca, pero esa no es la razón principal. Lo que más me gusta de la rutina es cruzarme cada mañana con las mismas personas de camino al trabajo.

Cruzarme con la misma familia cada mañana de camino a la parada del autobús. Un padre y sus dos hijas. Él, de traje y corbata. Ellas, de uniforme.  La hermana pequeña siempre de la mano de su padre. Su hermana, unos pasos por delante, mostrando al mundo que ya es mayor. Y, de repente, un día, no van con su padre, sino con su madre. Un cambio en la rutina que me obliga a estar atento, observar las diferencias, inventar sus vidas.

Por eso, no me gustan mucho los cambios de horario. Porque cuando ya me he acostumbrado a una hora matutina de salir de casa, a una gente que me acompaña o con la que me cruzo por el camino, me disgusta tener que volverme a acostumbrar a una gente nueva. Aunque tampoco negaré que, de vez en cuando, cruzarse con personas diferentes es un placer para la imaginación.

Recientemente he retrasado mi horario de entrada al trabajo. Mi paseo matutino se ha llenado de jubilados quemando su dosis diaria de colesterol, perros olisqueando los jardines y miradas menos difusas y más despiertas que las que se observan a las siete y media de la mañana. Y entre tanta niebla esta vez me ha llamado la atención una pareja.

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“Suelen caminar a la par, a una cierta distancia”

Suelen caminar a la par, a una cierta distancia, la típica que guardan dos compañeros de trabajo. Ella es alta, de mirada sombría, rostro afilado. Él, bajito, con barba espesa y ojos caídos. Caminan en silencio normalmente. Con la vista perdida en un punto frente a ellos. Como si una fuerza rutinaria tirara de sus cuerpos frágiles camino del trabajo. Porque van a trabajar, o eso me imagino.

Porque de camino al trabajo me encanta imaginar. Mirar a los ojos de esta extraña pareja y construir, reconstruir, inventar sus vidas. En uno de los mundos que proyecto, él está perdidamente enamorado de ella, pero ella tiene la cabeza ocupada con otras preocupaciones. Una casa que pagar, unos padres mayores, un exnovio al que es complicado olvidar. En ese mundo, ella no tiene ojos para su barba poblada y su mirada difusa.

En otro de los mundos, él también está enamorado. Quizás un poco menos. Pero alelado, atontado y ensimismado por sus huesos, al fin y al cabo. Ella jamás ha pensado en él como pareja. Ni en él ni en ningún hombre. Por eso cuando, en medio del paseo, él rompe el sagrado silencio que cada mañana los acompaña para declararse, ella no puede ocultar una ligera sonrisa condescendiente que los sumerge de nuevo en el silencio. Sagrado silencio matutino y rutinario.

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“Se arrancan las ropas y los desencantos. Deshacen las sábanas.”

En el mundo más absurdo en el que los imagino, ella está enamorada. Él también. Entre ellos quiero decir. Pero ambos tienen parejas estables y rutinarias. Parejas con las que hablan sin parar, hacen viajes milenarios y planes de futuro y más allá. Parejas a las que quieren, o eso dicen después del amor y antes del sexo. En ese mundo, se lían, de camino al trabajo. Llegan tarde, por supuesto. Buscan una pensión poco higiénica y nada rutinaria. Y se lían. Se enrollan. Se arrancan las ropas y los desencantos. Deshacen las sábanas, rompen la lámpara de la mesilla, se arañan la espalda. Y todo en silencio. Sagrado silencio matutino. Como veis, tampoco tengo una imaginación prodigiosa.

Hay otros mundos. Cada cual más raro y menos rutinario. Alguna vez pienso que debería mezclarlos todos, ponerlos sobre una mesa y construir el argumento de una novela pasional, romántica y silenciosa. Pero el suave runrún de mi rutina me convence de lo contrario. Sería una novela muy aburrida.

Bendita rutina rutinaria, que me quita de la cabeza semejantes tonterías.

Fuente de las fotografías:

Café

Manos

Sábanas

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Levantar la vista del suelo

A veces uno camina con los ojos mirando los adoquines en lugar de las calles en su conjunto, los edificios, los árboles, las personas que cruzan, sus rostros. A veces uno entra en una tienda, coge la prensa, se dispone a pagar, escucha lo que debe, deja las monedas frente al tendero y no hace ni ademán de levantar la vista y mirar el rostro que te cobra.

small__3470438271Levantar la vista. Una actitud imprescindible para la vida, pero también para la educación. Sacar los ojos del libro de texto, mirar la clase, la pizarra, los rostros que te observan. Sobre todo los rostros que te observan.

Levantar la vista. Olvidarse del suelo, del libro, de la pizarra. Olvidarse de todo, excepto de los ojos que te observan.

Fuente de la fotografía: The eye

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A dos voces: Un decálogo para community managers del mundo ELE, con Mar Galindo.

Si uno piensa en profesores de ELE imprescindibles, uno de los nombres que le vienen enseguida a la mente es el de Mar Galindo. Enamorada de la lingüística, profesora de la Universidad de Alicante, tuitera activa y, desde hace unos meses, también bloguera, con uno de esos blogs que merece la pena seguir por la calidad de sus entradas. Por si esto fuera poco, durante los últimos dos años ha sido la community manager responsable de la identidad digital en redes sociales de ASELE. Su experiencia y su buen hacer se materializan hoy en un decálogo de consejos para community managers del mundo ELE, escrito a cuatro manos y dos voces. Un decálogo particularmente útil para quienes os encargáis de la gestión de la identidad digital de instituciones educativas.

Mar Galindo

Mar Galindo impartiendo un curso sobre redes sociales en ELE.

EL DECÁLOGO DE MAR GALINDO

1. Evita el spam provocado por el buenrollismo. No es necesario recordar cada lunes que tristemente es lunes o cada viernes alegrarse porque finalmente es viernes. Estos mensajes no provocan más que spam y resulta agotador leerlos una docena de veces cada lunes o cada viernes.

2. Conecta con páginas o usuarios ajenos al mundo ELE. Ahí fuera hay un mundo muy interesante como para centrarse exclusivamente en los profesores o instituciones de nuestro campo. Profesores de primaria, secundaria o universidad, del ámbito de la lengua o de las ciencias, docentes a pie de aula o investigadores, expertos ajenos al ámbito específicamente educativo… de todos ellos podemos aprender muchas cosas muy útiles para nuestras clases.

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Ahí fuera hay un mundo muy interesante por conocer.

3. No solo de lo bueno se aprende. También hay páginas en Facebook o usuarios de Twitter con malas prácticas. Especialmente si eres el community manager de una institución, te conviene seguirlos también para aprender de sus errores.

4. Evita compartir imágenes o contenidos que contengan errores ortográficos. Parece una perogrullada, en particular posicionándonos desde el mundo educativo, pero es más habitual de lo que se pueda pensar. Cualquiera que se mueva por Facebook, sabrá de qué hablamos.

5. Comparte artículos que hablen sobre el español de periódicos de todas las tendencias. En todos ellos encontrarás artículos interesantes para tu comunidad, unos en tono más triunfalista, otros en tono crítico. La labor del community manager es más difundir la información que posicionarse. Para eso ya están los lectores.

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“La riqueza está en la mezcla.”

6. Menciona siempre la fuente original. Si compartes un artículo que encontraste gracias a otra página de Facebook o a otro usuario de Twitter, no te olvides de mencionarlos. Reconocer las fuentes no nos cuesta nada y nos permite una honestidad en las redes sociales que redunda en el buen nombre de la institución a la que se representa.

7. Comparte la información que cuelgan en tu muro (o no). Cualquiera que se haya encargado de la gestión de una cuenta institucional se habrá encontrado a menudo con mensajes de otros usuarios o instituciones, generalmente, haciéndose publicidad. Comparte esa información, si es interesante o relevante para tu comunidad. Si no lo es, simplemente ignórala.

8. Que no te guste lo que tú mismo cuelgas. Cuando cuelgas un contenido en Facebook, se supone que lo haces porque te gusta. No es necesario que lo certifiques pinchando en “me gusta”. Es un poco cutre. Cuestión bien diferente es que te guste lo que cuelgan otros o sus comentarios en tu muro. Como norma general, pincho “me gusta” en los comentarios que dejan los lectores, a no ser que estén fuera de tono o sean demasiado decantados.

9. Organízate y sé constante, pero no bombardees. Lo mismo si te encargas de un blog, de una página de Facebook o de un perfil de Twitter es importante ser organizado. Planea tus entradas para el blog con antelación y ponte una hora para publicar diariamente en Facebook y Twitter. Pero ten cuidado, no bombardees a tu comunidad. Lo poco agrada, lo mucho enfada. Siempre es preferible la calidad a la cantidad.

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Organízate y planifica tus entradas.

10. Nunca olvides la norma fundamental: la prudencia. En las redes sociales cuesta mucho labrarse una buena reputación y es muy fácil echarla a perder.

Como todo decálogo, solo recoge algunas ideas. Seguro que se os ocurren mil más. Así que os animamos a compartirlas con nosotros para enriquecer esta lista. Y, por supuesto, para criticarla, si no estáis de acuerdo con alguno de sus puntos.

Y para finalizar, no os perdáis la última entrada de Mar en su blog: El fútbol y los idiomas (I).

Fuente de las fotografías:

Mar Galindo, foto cedida por Mar Galindo.

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