Llega la segunda parte de Última Esperanza Zombi

Este blog lleva un tiempo en absoluto reposo y, en parte, la culpa la tiene el libro que, desde hoy mismo, está disponible en Amazon. Por fin, después de casi tres años, llega la segunda parte de Última Esperanza Zombi: La verdad de Vladek.

portadaLas primeras 37 emisiones de Vladek terminaron con un campamento abrumado ante la existencia de una horda de criaturas que desapareció por el mar y con un descubrimiento aterrador: Rojo, al que la mayoría daba por muerto, parece seguir vivo y con ganas de venganza. ¿Pero por qué? Diana y Vladek partieron en su busca. Han pasado varios días desde que Vladek retornó al campamento. De Diana no se sabe nada y el campamento comienza a asumir su pérdida entregándose al trabajo para finalizar la muralla. Solo un muro resistente les permitirá vivir con una cierta seguridad y tener alguna posibilidad de supervivencia si la horda de criaturas reaparece.

En esta segunda parte de Última Esperanza Zombi, asistimos a las últimas emisiones de Vladek. Las más pesimistas, debido a los múltiples frentes que tienen abiertos en el campamento y a las tensiones internas, pero también las más apasionantes. A un lado de la muralla, las criaturas. Al otro, los supervivientes. ¿Logrará Vladek mantener viva la semilla de la esperanza?

No te pierdas Última Esperanza Zombi, 2: La verdad de Vladek. De momento, puedes conseguirlo en Amazon. Además, hoy y mañana, gratis.

Y si todavía no has leído la primera parte, Última Esperanza Zombi, 1: La radio de Vladek, puedes conseguirlo en Amazon y en Google.

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Un proyecto nuevo: Segundas oportunidades

Hace mucho tiempo que vengo madurando la idea de dividir este proyecto en dos: por un lado, la parte didáctica y, por otro, la creación literaria. Este profesor en apuros nació como un blog de profesor dentro del marco de un máster en didáctica de ELE. Con el tiempo, se convirtió en un espacio en el que compartir mis experiencias en el aula, mis actividades y mis descubrimientos con mis alumnos. Y, paralelamente, también en un rincón en el que compartir mis relatos, mis morituris y algún verso suelto. El blog creció como un mimo con sus dos caras siempre caminando a la par, pero ha llegado la encrucijada en la que se separan sus caminos. A partir de hoy, la didáctica se queda aquí y mis relatos dan un pequeño salto a un blog nuevo.

Este nuevo blog se llama Segundas oportunidades y da sus primeros pasos hoy, un martes y trece. Era difícil encontrar fecha más idónea para un estreno. Hoy podéis leer la entrada inaugural: Este martes y trece nos embarcamos. Y mañana, el primer relato, con aire de Morituri: Segundas oportunidades. Espero que os guste.

Captura de pantalla de Segundas oportunidades

Captura de pantalla de Segundas oportunidades

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Lecturas de verano: Las ninfas

Este libro de Francisco Umbral ya se merece una segunda entrada en el blog. Entre todo el preciosismo de su prosa y los mil adjetivos que usa para cada sustantivo, se cuelan reflexiones de lo más acertadas sobre el mundo. El otro día recogía una sobre la adolescencia. Hoy toca una sobre la vida en sí.

“Por el contrario, había temporadas, en el buen tiempo, en que la tentación no era el cine, sino el monte, aquel monte al noroeste de la ciudad, un sitio adonde me habían llevado mucho de niño, y adonde yo gustaba ahora de pasear mis soledades de poeta, pues el adolescente vuelve sobre los pasos del niño que ha sido, que acaba de ser, haciendo así una nueva lectura de la niñez, del mundo de la niñez, y viéndolo todo a otra luz, de otra forma, con ese revisionismo constante que es la vida, y que consiste en hacer siempre las mismas cosas, pero creyendo que hacemos otras. Luego, el adulto relee o revisa la vida del adolesccente, y el maduro la vida del joven, y el viejo la vida entera, y el hombre está repasando siempre el libro de su vida, en el que todos leemos, pues lo vivido se va tornando novela, el pasado se consagra solo y nos va consagrando.”

Estas líneas me han recordado a un poema de Benedetti que siempre me ha encantado: Pasatiempo.

“Cuando éramos niños
los viejos tenían como treinta
un charco era un océano
la muerte lisa y llana
no existía

luego cuando muchachos
los viejos eran gente de cuarenta
un estanque era océano
la muerte solamente
una palabra

ya cuando nos casamos
los ancianos estaban en cincuenta
un lago era un océano
la muerte era la muerte
de los otros

ahora veteranos
ya le dimos alcance a la verdad
el océano es por fin el océano
pero la muerte empieza a ser
la nuestra.”

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Definiendo al adolescente

Parece que las entradas de este blog podrían comenzar siempre con la tan manida frase del “hace mucho tiempo que no escribo pero…”. Y en esta ocasión, como en tantas otras, sería cierto. La culpa la tiene la segunda parte de un libro que estoy tratando de terminar antes de que finalice el verano. Sin embargo, estos días me he cruzado con unas palabras de Francisco Umbral, en su libro Las ninfas, que me han parecido magníficas por su capacidad para definir la adolescencia. De modo que, sin más preámbulos, que hable Umbral:

“El adolescente —porque nosotros éramos adolescentes— encuentra que la humanidad ha sido muy confusa, indefinida, imprecisa, indeterminada e indiferenciada hasta que ha llegado él al mundo y, sobre todo, hasta que ha llegado a esa mayoría de edad convencional y anticipada, precoz e impaciente, que es la adolescencia. No es fácil distinguir entre sí a los filósofos griegos, a los emperadores romanos, a los poetas románticos, a los pintores clásicos ni a los reyes godos. El mundo solo empieza a estar claro con uno mismo. Uno, hacia esa edad, hacia aquella edad, se siente neto, definitivo, frente a la ambigüedad fundamental de las grandes figuras históricas, de las pequeñas figuras municipales y de los parientes de la familia. Lo cual no empece —entonces decíamos «no empece»— para que uno, al mismo tiempo, se sufra y experimente a sí mismo todo el día, se soporte en forma de medusa, pulpo de indefinidos tentáculos, nebulosa versificante y tal.

No otra cosa es la adolescencia que ese estar maduro por un costado y verde por el otro, de modo que yo podía sentirme perfilado, refulgente y neto frente a los dioses de la Mitología y los generales de la Historia, que no eran más que un magma común, pero al mismo tiempo me sentía invertebrado, desvaído y tonto frente a cualquier funcionario público, visita de casa o señorita de escasos medios.”

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Indignado, amigo Cervantes, indignado

imageTodos los años me sorprenden las erratas que contienen los exámenes DELE del Instituto Cervantes. Me asombra que un examen oficial que, seguramente haya pasado frente a unos cuantos pares ojos antes de imprimirse, tenga año sí, año también erratas. Sin embargo, por la costumbre (supongo), no deja de ser un tema anecdótico, generalmente sin mayor relevancia y que se soluciona con una fe de erratas previa al inicio de las pruebas.

Pero este año la sorpresa se ha convertido en indignación. ¿Cómo se puede tener la caradura de preparar unas hojas de respuesta para las pruebas de Expresión e interacción escritas en las que las instrucciones de las tareas están aparentemente escaneadas? ¿Cómo se le pueden dar a los candidatos unas hojas en las que las letras están borrosas y con un ligero sombreado, seguramente un recuerdo del papel original escaneado?

No me lo puedo creer. Me parece tan cutre… En particular si tenemos en cuenta el precio que pagan los candidatos por estos exámentes. No se lo merecen. Ni ellos, ni nosotros que tenemos que dar la cara ante ellos, un sábado por la mañana, y mantener el tipo sin que se nos caiga la cara de vergüenza.

Si Cervantes levantara la cabeza, tal vez enviara a su ingenioso hidalgo a luchar contra el instituo que lleva su nombre en lugar de contra los molinos. A deshacer entuertos y exigir que se mecanografíen unas instrucciones que atentan contra su honor de caballero andante.

—Son gigantes —diría el viejo caballero.

—No, señor —respondería Sancho. —Son solo unas instrucciones escaneadas. Un poco borrosas, sí, pero instrucciones al fin y al cabo. Fíjese, señor, que no les habría llevado más de diez minutos mecanografiarlas.

—Gigantes, lo que te decía, amigo Sancho.

—Es cierto, señor, Gigantes…

Fuente de la fotografía: Don Quijote

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