Reseña de cine: Los hombres que no amaban a las mujeres

Esta pensaba ser la entrada con la que inaugurara junio pero, por unas cosas u otras, finalmente se ha convertido en la tercera entrada del mes. Hace semana y media fui al cine a ver la adaptación cinematográfica del best-seller que ha arrasado en las librerías este año. La primera parte de la trilogía Millenium, Los hombres que no amaban a las mujeres, la leí hace unos meses. El libro me pareció muy interesante y entretenido, desde las primeras páginas, y logró quitarme unas cuantas horas de sueño durante los días en los que me enfrasqué en su lectura. En cuanto tuve la oportunidad, me hice con la segunda parte y la devoré también, con la curiosidad del lector que quiere saber qué les ocurre a los personajes que tantas horas de placer le han otorgado. Esta segunda parte me decepcionó un poco, digamos que le sobraban hojas, y la historia no logró en ningún momento engancharme de la misma forma en que lo había hecho el primer volumen, pese a tener momentos de gran tensión. En cualquier caso, habiendo leído ambas partes, a los pocos días de saber del estreno cinematográfico me fui al cine a ver qué tal se les había dado la adaptación.

Más allá de las decepciones iniciales al ver que los actores no se parecían en nada a los personajes que me había imaginado, tengo que decir que la película logró algo que, de entrada, no creía posible: me enganchó y mantuvo en tensión hasta el final pese a saber perfectamente qué iba a ocurrir en cada momento. Aunque sólo fuera por esto yo diría que ya merece la pena ir a verla. Centrándome en lo que se refiere a la adaptación, la película sigue de cerca al libro. En ningún momento se aparta de él, más allá de la omisión de detalles y líneas argumentales y de la asociación de algunos sucesos a personajes diferentes para evitar dilatar la historia. El único argumento que se echa en falta, ya que abre una línea argumental muy interesante en el libro, es la investigación de Mikael Blomkvist sobre algunos grupos empresariales suecos, pero como bien dice Eduardo en su blog: «no veo por qué razón debe exigirse a una producción europea ese plus de trascendencia, respetabilidad intelectual y audacia ideológica que no suele pedirse a las grandes producciones norteamericanas.»

Quizás el mayor logro de la película es conservar el aura de misterio y el carácter enigmático que rodean al personaje de Lisbeth, de modo que tanto en el libro como en la película su personaje devora por completo al otro protagonista: Mikael. Desde luego, en mi caso, según leía la novela, siempre estaba deseando que volvieran las páginas en las que el autor se centraba en Lisbeth. Con la película esto era menos evidente, sin embargo, su personaje continuaba siendo mucho más seductor para el espectador que el de Mikael, un personaje plano en comparación con el de ella (al menos en mi opinión).

Así que si habéis leído el libro y os ha gustado, os recomiendo la película porque aun conociendo el argumento consigue mantener la tensión del espectador hasta el final. Y si no, pues puede ser una buena forma de pasar una tarde entretenida.

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Efeméride: 100 entradas en “Un libro al día”

El blog «Un libro al día» publica hoy su entrada número 100. Como participante en este blog de reseñas literarias, quería hacerme eco de este momento importante para un blog joven que busca colaboradores interesados en participar en la aventura de reseñar sus lecturas favoritas.

Si todavía no os habéis pasado por él, aprovecho la efeméride para recomendároslo.

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El diccionario como estrategia de autoaprendizaje

Hace ya tiempo compartía en este blog una presentación que preparé para el curso de Español Académico titulada «El diccionario como estrategia para el autoaprendizaje». Algunos meses después me decido a volver sobre este tema pero, en esta ocasión, desde una perspectiva diferente: la del alumno. Me explico.

Llevo todo el año estudiando euskera, una asignatura pendiente desde que terminé Bachillerato y con ello mis clases de euskera. Durante la carrera me apunté a clases en segundo curso pero, por falta de tiempo entre otras cosas, acabé dejándolas. Este año, por fin, he vuelto a retomarlas. Tengo aproximadamente un nivel B1, destaco más en comprensión oral y escrita y en expresión escrita, pero desde siempre me ha costado bastante la expresión oral.

La experiencia de dar clases de ELE mientras yo mismo soy estudiante de otra lengua me parece de lo más enriquecedora. Me ayuda enormemente a reflexionar sobre mi actividad docente a partir de mi experiencia como alumno y a partir de la observación de la actuación en el aula de otro profesor. Por otro lado, como alumno soy muy exigente y tampoco me considero un alumno de idiomas fácil, puesto que en general me cuesta entrar en actividades de interacción oral debido a que soy bastante tímido y, mucho más, cuando no domino una lengua. Hasta que no noto que tengo un cierto nivel de expresión oral, como para no quedar en ridículo, me cuesta mucho expresarme y participar en las conversaciones -al menos en grupo grande- de la clase. Esto me ayuda mucho como profesor para darme cuenta de que exactamente lo mismo les ocurrirá a algunos de mis alumnos.

En cualquier caso, retornando al tema de la entrada, el diccionario se ha convertido en mi mejor amigo como estudiante de euskera. Sin lugar a dudas, es la mejor compra que he hecho como estudiante. Me compré, en la Azoka de Durango, una edición de bolsillo del diccionario Elhuyar -altamente recomendable-, pequeña, manejable y fácilmente transportable todos los días a clase. Desde entonces todos los días me acompaña a clase y se ha convertido en una herramienta de estudio imprescindible.

La situación es curiosa puesto que, como profesor, siempre me ha parecido curioso que mis alumnos trajeran diccionarios de bolsillo (o enormes diccionarios) a diario al aula. En cierto modo, me he dado cuenta de que incluso me molestaba: «Para qué lo traen si me tienen a mí para preguntarme lo que necesiten». Ahora desde la perspectiva del alumno he sido consciente de su gran utilidad. Por un lado, como alumno tímido y al que no le gusta demostrar que no sabe algo, uso el diccionario para no andar preguntando al profesor constantemente palabras cada vez que me enfrento a alguna actividad (muchas de ellas de traducción castellano-euskera, hábito que sigue muy vigente en el ámbito del euskera como L2, por lo menos por lo que conozco desde mi experiencia como estudiante). Por otro lado, el diccionario me ayuda a resolver actividades cuyos contenidos conozco y, en consecuencia, sé completar, pero que, al no conocer algunas palabras, me veo incapacitado para hacer correctamente el ejercicio. También es cierto que a veces abuso de su uso, por ejemplo, en prácticas de expresión escrita en las que debería evitarlo para acostumbrarme a la situación de los exámenes oficiales. No obstante, en general, lo considero muy beneficioso.

Después de vivir esta experiencia como alumno, lógicamente, me ha cambiado mi percepción del uso del diccionario. Hasta ahora lo percibía como una estrategia de autoaprendizaje muy útil pero, sobre todo, para el espacio fuera del aula. Hoy por hoy, entiendo que la utilidad del diccionario se extiende también al aula y que puede ser de gran ayuda para cualquier alumno.

Y después de esta «breve» reflexión con la que inauguro junio -qué buen tiempo tenemos en Bilbao, ya era hora-, me despido hasta los próximos días. Estoy preparando una reseña de la película «Los hombres que no amaban a las mujeres» y una reflexión sobre el uso de los blogs en mis clases de teatro (a este último párrafo le falta el logotipo de «Publicidad» que suele aparecer en la televisión 🙂

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Citas de Stefan Zweig sobre la apología del odio

Como ya he comentado con anterioridad, mi lectura de las memorias de Stefan Zweig me está aportando momentos de auténtico placer. Hoy quiero compartir algunas citas, extraídas de esta autobiografía del escritor, sobre la apología del odio en la que participaron muchos de sus coetáneos tras el estallido de la Primera Guerra Mundial.

Más difícil que mi situación oficial era la que ocupaba en mi círculo de amigos. Con poca formación europea, viviendo en un horizonte plenamente alemán, la mayoría de nuestros escritores creía que su mejor contribución consistía en alimentar el entusiasmo de las masas y en cimentar la presunta belleza de la guerra con llamadas poéticas o ideologías científicas. Casi todos los escritores alemanes, con Hauptmann y Dehmel a la cabeza, se creían obligados, como los bardos en épocas protogermánicas, a enardecer a los guerreros con canciones e himnos rúnicos para que entregaran sus vidas con entusiasmo.

Ahora bien, lo más estremecedor de ese desvarío era la sinceridad de la mayoría de estos hombres. Los más, demasiado viejos o físicamente ineptos para el servicio militar, se creían honestamente obligados a colaborar con cualquier «servicio». Todo lo que habían creado lo debían a la lengua y, por lo tanto, al pueblo. Y, así, querían servir al pueblo a través de la lengua y le daban a oír lo que quería oír: que en aquella guerra la justicia se inclinaba únicamente de su lado y la injusticia del de los demás, que Alemania ganaría y los adversarios sucumbirían ignominiosamente… Y todo ello sin pensar ni por un momento en que de este modo traicionaban la verdadera misión del escritor, que consiste en defender y proteger lo común y universal en el hombre. Algunos, cierto, pronto experimentaron el amargo sabor del hastío de sus propias palabras, cuando se evaporó el aguardiente del primer entusiasmo. Pero en aquellos primeros meses se oía más a los que vocifereban con más furia y por eso cantaban y gritaban, aquí y allí, en un coro chillón.

Sus sentimientos eran sinceros y también lo eran sus intenciones, como las de todos aquellos escritores, profesores y patriotas de última hora. No lo niego. Pero no se tardó mucho en ver el terrible daño que causaron con su apología de la guerra y sus orgías de odio.

En aquellas primeras semanas de guerra de 1914 se hacía cada vez más difícil mantener una conversación sensata con alguien. Los más pacíficos, los más benévolos, estaban como ebrios por los vapores de sangre. Amigos que había conocido desde siempre como individualistas empedernidos e incluso como anarquistas intelectuales, se habían convertido de lanoche a la mañana en patriotas fanáticos y, de patriotas, en anexionistas insaciables. Todas las conversaciones acababan en frases estúpidas como: «Quien no es capaz de odiar, tampoco lo es de amar de veras», o en rudas sospechas.

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Guiones finales de mis estudiantes de teatro y reflexiones finales del curso

El viernes tuvimos la representación final de las obras de teatro de mis estudiantes. En cuanto pueda, colgaré los vídeos en Youtube para que podáis verlos. Todo salió genial, más allá de alguna metedura de pata (mía) con el sonido. De momento, cuelgo los guiones completos que elaboraron los estudiantes en los wikis del curso: wiki del nivel bajo y wiki del nivel alto. Los guiones eran de por sí graciosos, pero la representación final fue bestial. Ya veréis en cuanto los ponga aquí.

La experiencia de trabajo con el wiki para la escritura colaborativa de un guión ya la he comentado anteriormente. A lo largo de este curso el trabajo con el wiki ha sido satisfactorio. La única pega para mí es que no consigo que todos los alumnos se impliquen con esta herramienta de trabajo. Creo que para el próximo curso tengo que hacer más hincapié en la forma de usarla y demás. Estoy pensando en introducir alguna herramienta de microblogging como herramienta de comunicación para probar. (Me ha gustado lo que he leído sobre Edmodo en el blog de Celestino Arteta.)

El uso del blog para este curso no acaba de convencerme. He usado blogs individuales del alumno, pero no los he explotado mucho. Este punto tengo que replanteármelo para el próximo curso. Esta tarde colgaré otra reflexión más amplia sobre este tema si tengo tiempo.

Atracción loca (Guión del grupo de nivel bajo)

Atracción Loca (guión)http://www.scribd.com/embeds/15719503/content?start_page=1&view_mode=list&access_key=key-1phe49o2nlvcuvsydz85

 

El parque que se desangra (Grupo de nivel alto)

El parque que se desangra (guión)http://www.scribd.com/embeds/15719566/content?start_page=1&view_mode=list&access_key=key-taejxzkux3bk23bwa9f

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Mario Benedetti: In memoriam

Esta mañana la radio me ha despertado con una noticia que, pese a que llevaba tiempo sabiendo que ocurriría un día de estos, me ha entristecido más de lo que pensaba. En cuanto he escuchado la tierna voz de Benedetti recitando uno de sus poemas, me he imaginado lo que habría ocurrido esa noche. En la tarde de ayer fallecía el poeta uruguayo a quien comencé a leer en la adolescencia, si no recuerdo mal durante un intercambio en Italia, y desde entonces nunca me ha abandonado.

Mi pequeño homenaje esta tarde ha consistido en dedicar mi clase de literatura a leer poemas y cuentos del maestro. Según los leíamos, yo no podía sino escuchar en mi mente dichos poemas en la voz de su autor, una voz cálida, entrañable, cariñosa, irónica y llena de ternura.

Y ahora es el turno de dedicarle una breve entrada en mi blog. Dedicarle unas palabras a ese poeta que me ha acompañado desde siempre y sin el cual me siento un poco más solo en este mundo. Un poco más huérfano.

Que las palabras de su «Pasatiempo» sirvan de punto final a esta entrada (fuente):

Cuando éramos niños
los viejos tenían como treinta
un charco era un océano
la muerte lisa y llana
no existía

luego cuando muchachos
los viejos eran gente de cuarenta
un estanque era un océano
la muerte solamente
una palabra

ya cuando nos casamos
los ancianos estaban en cincuenta
un lago era un océano
la muerte era la muerte
de los otros

ahora veteranos
ya le dimos alcance a la verdad
el océano es por fin el océano
pero la muerte empieza a ser
la nuestra.

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Una ciudad vestida de rojo y blanco

No he podido evitar dedicarle una entrada nuevamente al Athletic en este blog, la víspera de la final de la Copa del Rey. Aunque, en realidad, lo que me interesa no son tantos los aspectos futbolísticos, como el cambio que ha experimentado Bilbao desde que el Athletic se jugaba la semifinal contra el Sevilla.

Sin lugar a dudas, se puede decir que Bilbao es hoy una ciudad completamente entregada a su equipo de fútbol, expectante, ilusionada, rojiblanca. Rojiblanca en sentido estricto: prácticamente no hay edificio público o bloque de viviendas sin alguna (o muchas) banderas rojiblancas colgando de sus balcones o ventanas.

Hoy, víspera de la final, Bilbao se acuesta con un gusanillo en el estómago: Yes we can (parafraseando a Obama). Digamos que hay una ilusión enorme por la posibilidad de ganar la copa -24 años después del último doblete- y un miedo terrible a encontrarse en Mestalla con el Barcelona que tumbó al Madrid.

Pero más allá de que sea casi un milagro la victoria (aunque como muchos dicen: «en la copa puede pasar cualquier cosa»), lo realmente apasionante es pasearse por las calles bilbaínas y vivir mañana la final en los bares de Poza y en las innumerables pantallas gigantes que ha dispuesto el ayuntamiento por toda la final. Y el viernes, si ganáramos, ver la gabarra recorrer la ría desde Getxo hasta el ayuntamiento de Bilbao.

¡Aupa Athletic!

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Reflexiones de Stefan Zweig sobre la educación

Leyendo las memorias de Stefan ZweigEl mundo de ayer: memorias de un europeo– me he encontrado algunas reflexiones sobre la educación que me han llamado poderosamente la atención. En realidad, no es éste el único tema en el que las reflexiones de este austríaco apátrida me han sorprendido. Tanto cuando habla de educación, como de política o sexualidad, sus palabras parecen estar aún vigentes y eso que las escribió hace más de 60 años. En definitiva, una lectura altamente recomendable.

A continuación quiero recoger algunas citas extraídas de estas memorias:

Porque, si he de ser sincero, toda mi época escolar no fue sino un aburrimiento constante y agotador que aumentaba de año en año debido a mi impaciencia por librarme de aquel fastidio rutinario.

Al observarlos [a los niños de los años 30], todavía se me antoja increíble que los niños de hoy hablen con sus maestros con toda la naturalidad del mundo y casi au pair, que corran a la escuela sin miedo y, no como nosotros, con una sensación constante de insuficiencia […]

Ellos [los profesores] se sentaban arriba, en la tarima, y nosotros, abajo; ellos estaban allí para preguntar y nosotros, para contestar, aparte de ésta, no existía entre los dos colectivos relación alguna. Y es que entre el maestro y el alumno, entre la tarima y los bancos, entre el Alto visible y el Bajo igual de visible se levantaba la invisible barrera de la «Autoridad» que impedía cualquier contacto.

Recojo nada más estas tres citas extraídas del segundo capítulo, titulado «La escuela del siglo pasado», en el que da un repaso a la escuela en la que se educó. Un capítulo sólo calificable como delicioso.

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Semana Santa bilbaína (fotografías)

Hacía tiempo que quería dedicarles una entrada a estas fotos. Las saqué durante la Semana Santa de este año. Ayer por fin me decidí a volcar la memoria de la cámara y subir algunas fotos a Flickr. Para el próximo año creo que las usaré para explicarles a mis estudiantes estadounidenses qué es una procesión antes de que se la crucen por la calle y se lleven un susto. Pongo sólo algunas, el resto del álbum en el enlace inferior. Algunas fotos muestran qué tienen de diferente aquí las procesiones, por ejemplo esta primera, con unos txistularis como avanzadilla.



Enlace al álbum de fotos

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Conflicto en La Arboleda

Hoy, desde este blog, voy a hacer un poco de periodismo callejero. Ayer estuve comiendo con la familia en La Arboleda, un antiguo pueblo minero de Vizcaya, muy cercano al pueblo natal de La Pasionaria, Gallarta. En este pueblo pueden comerse las mejores alubias de la zona.

El tema es que durante el pasado mes este pueblo se ha visto sacudido por una rebelión vecinal en contra de la decisión del Gobierno Vasco de realojar a una familia de etnia gitana, a la que los vecinos consideran muy conflictiva. Aquí puede leerse algo de información sobre el asunto y ver un vídeo que ilustra bastante bien la tensión que se respira en el pueblo. Aprovechando que estaba allí y que había llevado mi cámara, me dediqué a sacar algunas fotos. Puede que alguna de ellas sirva para un interesante debate en clase sobre el asunto.

Enlace al álbum de fotos

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