Actividad con vídeo para el aula: The note

Hace ya tiempo hablé de cómo explotar esta joyita de cortometraje (The note). En aquella explotación aprovechaba el vídeo para que los alumnos hicieran suposiciones sobre cómo avanzaría el argumento y sobre el final (otra actividad para hacer suposiciones, aquí).

Sin embargo, esta semana he utilizado este corto de forma un poco diferente.

Nivel de la actividad: A partir de un A2.

Destrezas activadas: interacción oral y expresión escrita.

Objetivos de la actividad:

  • relatar y resumir a un compañero las acciones que ven en el cortometraje y las circunstancias que lo rodean.
  • hacer suposiciones sobre lo que va a ocurrir: les he pedido que usen la estructura ir a + infinitivo, con la forma creo que
  • escribir el final de una historia utilizando el pretérito perfecto.
  • poner en práctica estrategias de revisión entre iguales para textos escritos.

Material necesario: el cortometraje The note (se recomienda descargarlo antes de entrar al aula). En el cortometraje los personajes no hablan pero aparecen algunos textos breves en inglés. Estaría bien subtitularlos, pero es algo que todavía no he hecho. Folios blancos y fotocopias con frases extraídas de sus historias.

Tiempo de preparación:  15-20 minutos. En preparar la primera parte de la actividad no se tarda nada (lo que cuesta descargar el vídeo), pero para la segunda parte habría que revisar los escritos de los alumnos, transcribirlos (o extraer algunas frases) y preparar una actividad de corrección de errores.

Desarrollo de la actividad: Lo primero es dividir a la clase en parejas. Un miembro de la pareja mirará hacia el fondo de la clase, para no ver la película, mientras el otro ve la película. Yo voy interrumpiendo la película cada poco. Más o menos, 3 veces entre el principio y el minuto 1:15 (cuando los alumnos de cada pareja cambian su papel) y otras 3-4 veces entre el minuto 1:15 y el 2:52.  Cada vez que detengo la película, el alumno que la está viendo tiene que contar a su compañero (que no la ve) lo que ha ocurrido. Este relato se puede hacer en presente o en pasado (según lo que proponga el profesor). Lo mejor es apagar el proyector u ocultar el vídeo para que los alumnos que no han estado viendo la película solo reciban información a través de las palabras de sus compañeros. Cuando terminan de contarse lo que han visto, yo suelo hacerles preguntas a unos y otros para que resuman lo que les han contado o para que hagan suposiciones sobre lo que creen que va a ocurrir o sobre la nota «mágica».

En el minuto 1:15 los alumnos de cada pareja intercambian sus roles y continúa la dinámica de la misma forma hasta el minuto 2:52. En ese momento, detengo el vídeo, les dejo que se cuenten lo que han visto y después les hago preguntas sobre cómo creen que va a terminar la película. Tienen que hacer suposiciones sobre el final.

Una vez que ya tenemos varias propuestas, los junto en grupos de dos, tres o cuatro alumnos y les doy un folio en blanco. Entonces les propongo que se inventen el final y lo escriban. Pero les digo que ese final va a tener dos párrafos y que ellos solo pueden escribir el primer párrafo. En este momento, me interesaba que practicaran el pretérito perfecto, así que les dije que la escena había sido esa mañana y que ellos tenían que continuarla como si conocieran el final. «La chica ha salido del tren y…»

Les he dado unos 10 minutos para ese primer párrafo y luego he intercambiado los papeles con otros grupos de modo que cada grupo tuviera una historia diferente. Lo primero que les he pedido es que dedicaran 3 minutos a revisar lo que habían escrito sus compañeros y luego les he dado otros 10 minutos para que continuaran esa historia y la finalizaran. Después de los 10 minutos les he dado otros 3 minutos para que revisaran todo lo escrito. Terminada esa revisión, he recogido las historias.

La última parte de la actividad hay que realizarla al día siguiente porque necesita un poco de preparación. Como solo tenía tres historias (y eran cortas), las he transcrito enteras, dejando huecos vacíos donde habían cometido algún error. No lo he hecho con todos los errores, solo con los que más me interesaban y se correspondían con su nivel (en este caso un A2). Debajo de los textos he puesto las palabras con las que tenían que completar los huecos para facilitarles un poco la tarea de escritura. Aquí podéis ver las fichas de actividades que he preparado. El objetivo era focalizar la revisión de sus actividades de expresión escrita en los errores que típicamente cometen.

Revisión de errores en la expresión escritahttp://www.scribd.com/embeds/71569089/content?start_page=1&view_mode=list&access_key=key-14bscxadpfuh3hpuchap//

Valoración de la actividad: La actividad ha funcionado muy bien. He conseguido que los estudiantes hablen por los codos, algo que me cuesta muchísimo siempre. Y la película les ha sorprendido, aunque ya están acostumbrados a que les asombre con los cortos que elijo.

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Breve reflexión sobre mi lectura en eReader

Hacía tiempo que no escribía sobre mi eReader. Supongo que la razón ha sido que, últimamente, he encadenado una buena serie de lecturas en papel y he tenido un poco olvidado mi eReader. Pero ahora mismo ando leyendo en el dispositivo electrónico dos ebooks y eso me ha hecho reflexionar de nuevo sobre la experiencia de leer en este tipo de dispositivos.

La verdad sea dicha, después de dos años con este eReader, mi experiencia es, en cierto modo, insatisfactoria. Tiene puntos muy positivos: me parece comodísimo y la lectura en un dispositivo de tinta electrónica es prácticamente igual a la de un libro tradicional. Sin embargo, durante todo este tiempo he sentido una cierta insatisfacción cada vez que leía en este dispositivo.

Una de las causas de mi insatisfacción es la velocidad (de apertura del eReader, de acceso a las carpetas y de cambio de página). Otra, los continuos problemas que me da: por ejemplo, en algunos ebooks no me guarda la página en la que voy (creo haber descubierto que es con ebooks con el formato fb2, pero no estoy seguro. ¿A alguien le ocurre algo parecido?). También echo en falta una posibilidad que ya he comentado en entradas anteriores: el que el eReader se abra directamente por el libro que en ese momento estoy leyendo, en lugar de tener que buscarlo en mis carpetas. Creo que ofrecer esta posibilidad como una opción configurable mejoraría mucho mi experiencia de uso. No obstante, estos defectos me parece que pueden ser exclusivos de mi modelo de eReader (es un Inves, el que fue denominado el ebook del Corte Inglés), claramente mejorable

De todos modos, más allá de estos problemillas, cada vez que abro un ebook hay algo que echo en falta. Durante mucho tiempo no acababa de verbalizar qué era ese algo. Hasta ayer. Ayer finalmente di con ello. Probablemente existe una palabra más científica para denominarlo, pero no la conozco. Lo que yo echo en falta en la lectura en mi eReader es la lectura «periférica» o «contextual», es decir, el poder moverme fácilmente entre las páginas para recordar el hilo de la historia o para releer algún fragmento. En mi eReader, esto es una tarea ingente, a no ser que conozca con exactitud en qué página está ese fragmento. Echo de menos el poder pasar páginas con velocidad, como se pasan las páginas de un libro tradicional. No solo eso, también añoro el que con un golpe de vista vea dos páginas. Puede parecer una tontería, pero estoy convencido de que ese detalle empobrece mi experiencia con mi eReader.

No quiero que se entienda esto como un alegato en contra de los dispositivos electrónicos de lectura. Todo lo contrario. Su expansión me parece genial, sobre todo si va acompañada de una adaptación del mercado editorial a los mismos (adaptación todavía pendiente). Sin embargo, para que los eReaders se popularicen y sustituyan a los libros en papel, creo que todavía tienen que mejorar notablemente.

¿Cómo es vuestra experiencia de lectura en vuestros eReaders?

Fuente de las fotografías:

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El único imprescindible soy… ¿¿yo??

El martes, día festivo en Euskadi, tuve la habitual conversación de escalera con el típico vecino majo al que cualquiera quisiera tener como vecino. Él me preguntaba que qué tal con mis clases y yo le contaba que el día anterior (por el lunes) me había faltado casi la mitad de la clase. Normal, le decía yo, siendo fiesta el martes, muchos habrán aprovechado para irse por ahí de fin de semana largo. Y entonces, él me comentó: «Bueno, el único imprescindible eres tú». En el momento, sonreí y le dije «claro». Sin embargo, tras despedirle y de camino al centro de Bilbao, una pregunta no dejaba de inquietarme:

¿¿¿Realmente el único imprescindible soy yo???

Nuestra sociedad tiene interiorizada hasta las entrañas la creencia de que el profesor es el elemento central del proceso de enseñanza-aprendizaje. Incluso tenemos expresiones como «¿te han aprobado o te han pencado?«, como si fuera el profesor quien decidiera aleatoriamente o por gusto personal la nota de sus alumnos.

La verdad sea dicha, este lugar central en el proceso de enseñanza-aprendizaje que se les otorga a los docentes, luego contrasta poderosamente con el papel social, cada vez menos relevante, que se les da a los profesores. Pero bueno, ese es tema de otro debate diferente.

Volviendo a la pregunta que abre este post, el único imprescindible es el alumno

…porque, si no hay un individuo que quiera aprender, el profesor no es maś que una voz que grita en el desierto, una figura que facilita (o no) pero que es prescindible.

…porque, para que exista aprendizaje, no es imprescindible la enseñanza. El aprendizaje puede ser un proceso perfectamente autónomo.

…porque la enseñanza no es más que una rama dependiente del aprendizaje.

…porque los profesores somos herramientas al servicio de nuestros alumnos (aunque muchas veces se nos olvide).

Fuente de la fotografía: pointing-finger de purpleslog.

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Morituri te salutant (XII)

Hay pasillos que nunca se acaban. Nadie sabe muy bien adónde llevan. Se intuye el horizonte, pero a cada paso ese horizonte se aleja.

Hay pasillos blancos e infinitos. Podrías pasarte toda la vida recorriéndolos, abriendo las infinitas puertas que los flanquean y, sin embargo, nunca encontrarías la salida. Solo puertas y más puertas.

Hay pasillos claustrofóbicos, estrechos. Podrías quedarte sin aire entre sus paredes, ahogarte en tu propio agobio, golpearte sistemáticamente contra sus puertas. Todas cerradas. No hay salida. Solo pasillo y más pasillo.

Hay pasillos con ecos inquietantes. El eco de la soledad y la penumbra, el eco de unos pasos que no son tus pasos, a tu espalda, el eco de lo desconocido en un pasillo que nunca se acaba, un eco que se acerca, por mucho que corras, que te espera a la vuelta de la esquina de un pasillo que nunca se acaba.

Fuente de la fotografía: Hall de Paulo Malgahães.

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Hablemos sobre Edmodo (III): ¿por qué uso Edmodo y no Facebook?

En las entradas anteriores, me planteaba hasta qué punto Edmodo era una plataforma o una red social educativa y lo comparaba con Moodle, la plataforma educativa por excelencia. Hoy vamos a poner cara a cara Edmodo con la red social más popular, Facebook, para responder a la pregunta que encabeza este post.

Lo primero que cabría comentar es que el uso de uno excluye al otro. Es decir, si se usa uno carece de sentido utilizar el otro, puesto que en muchos aspectos se parecen mucho. Dicho esto, también quiero precisar que en estos posts no propongo que se utilice Edmodo porque sea mejor que Facebook. Cada uno tiene sus particularidades y el uso de uno u otro está perfectamente justificado dependiendo de cuáles sean los objetivos del docente.

Edmodo frente a Facebook tiene las características propias de una plataforma educativa: envío de tareas, recopilación de notas, etc. Hasta el momento, he destacado los aspectos más comunicativos de Edmodo. Sin embargo, estas características clásicas de plataforma educativa son las que pueden atraer a muchos docentes, puesto que permiten a los docentes y a los alumnos guardar un registro de las tareas entregadas y las revisiones realizadas por el profesor.

Tanto Edmodo como Facebook comparten un elemento central: el muro. Este es el aspecto en el que más se asemejan. Sin embargo, las posibilidades de interacción en el muro de Edmodo son mucho menores. Yo, por ejemplo, echo de menos en Edmodo una interacción tan simple como el «me gusta» típico de Facebook o el «+1» de Google Plus, y es que a veces no se necesita más que eso para generar comunicación. Sobre este asunto les he escrito a los administradores de Edmodo en un par de ocasiones, pero no he obtenido respuesta.

Un aspecto que destacaba Rafael Oliva (administrador de la plataforma RedAlumnos) en su comentario a un post anterior era la verticalidad de Edmodo como red social: «permite establecer conexiones entre profesor, alumnos y padres, pero no permite que los alumnos se relacionen con alumnos de otros centros, ni que se relacionen demasiado entre ellos, más allá de los apuntes en el muro.» La verdad es que no había pensado en este tema hasta que lo mencionó Rafael. Yo veía que mis alumnos de diferentes grupos sí que podían interactuar entre ellos cuando yo enviaba un mensaje en el muro a varios grupos. Pero, claro, la interacción siempre la inicia el profesor, es decir, si no hay un mensaje enviado a varios grupos, los alumnos (de esos grupos distintos) no pueden entrar en contacto.

Y para terminar, ¿por qué he optado por usar Edmodo y no Facebook? Fundamentalmente porque no he querido que mis alumnos sintieran que me inmiscuía en su esfera personal. Hasta no hace mucho las opciones de privacidad de Facebook dejaban mucho que desear. Hoy por hoy, uno puede controlar muy bien lo que quiere que el resto vea (y lo que no) de su perfil de Facebook. Sin embargo, la experiencia me dice que, pese a que mis alumnos pasan horas y más horas en esta red social, no tienen ni idea de cómo configurar las opciones de privacidad de la misma. Por eso, por un cierto pudor y respeto hacia su espacio más personal, he preferido usar Edmodo, además de como plataforma, como red social para nuestra aula.

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Morituri te salutant (XI)

Para Susana.

Para Francis, mente criminal y artífice intelectual de este Morituri.

Era la rutina de cada mañana. Abrías tu bolso, sacabas tu espejito, tu barra de labios, tu lápiz de ojos, te acicalabas. Cada mañana, hacia las doce. Mientras yo, absorto, observaba atentamente tu reflejo en la pantalla de mi ordenador. Como un niño que observa lo prohibido, escondido tras una cortina. Temía girarme, mirarte directamente a los ojos mientras te pintabas. Temía romper la magia de aquel instante, ese íntimo segundo en que tus labios rozaban el carmín y tus párpados se tensaban esperando el contacto afilado del lápiz de ojos. Cada mañana, hacia las doce.

Y como todos los días, ayer, hacia las doce, abriste tu bolso. La cremallera gimió temblorosa ante el roce de tus dedos. Tu espejito reflejó la luz en la pantalla de mi portátil. Estaba atento, no quería perderme ni un solo detalle. Como el niño que aguarda, escondido en el vestuario, a que las chicas entren a cambiarse. Tu barra de labios, tranquila sobre la mesa. Tu lápiz de ojos, expectante.

Tu reflejo nublaba mi pantalla.

Me atrapaba. Me seducía.

Me obsesionaba. Tu reflejo.

Cada mañana.

Y como todos los días, ayer, hacia las doce, cogiste tu barra de labios. Tus dedos, blancos. La barra, roja. Tus labios…

Tus labios, en mi pantalla, abriéndose para el carmín, que los roza, que los acaricia, que los sonroja. Tu reflejo me obsesiona. Cada mañana. Me nubla. Tu reflejo.

Y como todos los días, ayer, hacia las doce, cogiste tu lápiz de ojos. Tus párpados, blancos. El lápiz, negro. Tus ojos…

Tus ojos, en mis ojos fieramente abiertos, que te observan, que te atrapan. El lápiz afilado los rodea, acaricia tus párpados, tiemblan tus pestañas. Yo tiemblo. Yo gimo. Yo espero, a tu espalda. Mi reflejo en tu espejito me descubre. A tu espalda.

Ojos abiertos. Lápiz que se ensarta. Labios que gritan. Nadie te escucha. Solo yo, que te observa, a ti, no a tu reflejo. Mientras brotan la lágrima y la sangre.

Párpados que se cierran.

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Fuente de la fotografía: 8 de Maryaben.

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Una imagen vale más que mil palabras

Creo que la mejor forma de celebrar el anuncio de ETA de ayer es con una imagen y un poema.

 

«Paz para la pluma y para el aire.

Paz para el papel y para el fuego.

Paz para la palabra y para la tierra.

Paz para el pan y para el agua.

Paz para el amor y para la causa.

Paz para el pensamiento y para el camino.

Paz para la semilla y para el átomo.

Paz para la obra y para el hombre.»

(Blas de Otero)

Fuente de la fotografía: White Hands de Xerones.

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Hablemos sobre Edmodo (II): ¿plataforma o red social educativa?

Comparados Edmodo y Moodle, cabe preguntarse hasta qué punto Edmodo es una plataforma o una red social educativa. Si buscamos una respuesta en la propia guía elaborada por los administradores de Edmodo, lo que encontramos es lo siguiente: “Edmodo is a secure, social learning platform for teachers, students, schools and districts.” (Guía Edmodo) Es decir, los propios creadores de Edmodo lo consideran una plataforma educativa. Sin embargo, hablan de una plataforma social y en la descripción de la misma le otorgan características que dirigen más bien hacia una red social educativa: “We provide a safe and easy way for your class to connect and collaborate, share content and access homework, grades and school notices. Our goal is to help educators harness the power of social media to customize the classroom for each and every learner.” (Guía Edmodo)

Si analizamos la descripción elaborada para la guía de Edmodo, observamos claramente cómo se utilizan conceptos propios de una plataforma (subrayados) y de una red social (en negrita) indistintamente. De todos modos, sí que parece evidente que se pone el acento en temas como la conexión, la colaboración o el compartir, todos ellos aspectos muy presentes en las redes sociales y que las configuran tal y como son. No solo eso sino que lo que hace de Edmodo una herramienta diferente y atractiva para un aula de ELE es precisamente lo que tiene de red social educativa.

Edmodo no es una panacea universal, es una herramienta más, entras las muchas que existen, con sus puntos positivos y negativos. Pero, ¿por qué puede ser útil usar Edmodo en el aula de ELE?

  1. Porque pone el acento en la comunicación y, puesto que en la clase de ELE lo que intentamos es desarrollar la competencia comunicativa de los alumnos, parece evidente que Edmodo puede ser un buen colaborador para el profesor.
  2. Por su sencillez. Muchos docentes, atraídos por las TIC pero con miedo a que la técnica los supere, suelen mostrarse remisos a utilizarlas en sus cursos. Sin embargo, Edmodo ofrece un sistema de configuración y de gestión sumamente sencillo. Además, su diseño cercano a una red social tan conocida y utilizada como Facebook lo convierte en una herramienta atractiva, tanto para el profesor como para el alumno.
  3. Porque es una herramienta que permite fácilmente individualizar el proceso de aprendizaje, ya sea a partir de mensajes del muro o con las tareas (asignaciones), que pueden enviarse a toda la clase, a un grupo de estudiantes o a un alumno en concreto.

Fuente de las fotografías:

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Morituri te salutant (X)

Blanco.

Las paredes blancas. El suelo blanco. El techo blanco.

Todo blanco, a su alrededor. Envolviéndolo todo.

La taza. La tapa. El papel.

Blanco.

Como un hospital.

Blanco.

Y en silencio.

Eso era lo único bueno de ir al baño en la universidad. Lo odiaba. Era un momento demasiado íntimo como para compartirlo con cualquiera que entrara.

Pero el silencio…

Era el único momento del día en que se sentaba tranquilo en el trabajo. Por eso siempre elegía el baño más apartado, menos concurrido. Más solitario.

Por el silencio.

Por eso le sorprendió oír la puerta abrirse. ¡Qué raro! Nunca entraba nadie. En aquel pasillo, apartado. Y en silencio.

Pero cuando la puerta se cerró, tampoco oyó nada. Ni pasos, ni agua. Ni una cremallera que se desabrocha, ni unos pantalones que se bajan. Solo silencio, nuevamente.

Estaba solo, otra vez. Solo con sus paredes blancas, su suelo blanco, su techo blanco. Solo con su taza, su tapa, su papel. Todos blancos. Solo blanco.

Pero una soledad con pisadas, huecas, seguras. Su eco se expandía por los urinarios. Se acercaban, paso a paso, dejando una huella negra sobre las baldosas impolutas.

Un escalofrío recorrió su cuerpo cuando los pasos se detuvieron ante la puerta de su baño. Podía ver un par de zapatos asomarse bajo la puerta.

Unos zapatos negros, relucientes, recién embetunados. De cordones, negros.

Unos zapatos que lo observaban fijamente, que lo amenazaban en silencio.

Silencio roto por una puerta que se abre y un pestillo que se rompe.

Zapatos negros, cordones negros.

Paredes blancas, baldosas rojas.

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Morituri te salutant (IX)

A Itzi (@itzitxu), por ser ella quien me ha dado la idea.

¿Cuántos metros útiles tiene? Sí, muy bonito… sí, amplio también. ¿Cuántos años dice que tenía? ¿Y la fachada está arreglada? Ah, también el tejado. Interesante… Sí, sí, le entiendo, claro. ¿Y cuánto decía que pagaban de comunidad? Sí, sí, lógico. Se ve que es fresquito… y amplio, sí, de verdad, es amplio… Estaba hasta el pitorro de la boina de visitar pisos. Veía el anuncio, llamaba, quedaba con el propietario y a ver el piso. Y entonces comenzaba la misma cantinela de cada visita. Todas las viviendas eran amplias, luminosas, frescas en verano y cálidas en invierno. Una maravilla, lo mejor de lo mejor. Eso sí, ninguna le convencía. Todas eran carísimas para lo cutres y viejas que eran.

Pero aquel apartamento era diferente. Le gustaba. Era amplio, muy amplio. Tenía cuatro habitaciones, dos baños, terraza, garaje y trastero. ¡Y tenía un precio razonable! ¡No lo podía creer! ¿Dónde estaba el truco? Incluso el dueño era genial. Un hombre de mediana edad, simpático, elegante, atractivo. Le llamó la atención cómo dominaba el arte de la conversación. Debía de ser vendedor. Seguro. Lo tenía embelesado, le estaba metiendo el piso por los ojos. Pero es que el piso era el mejor que había visto hasta el momento. ¡Y con garaje y trastero! Y, además, amplio. Muy amplio.

-¿Quiere ver el trastero?

-Sí, por favor.

Los trasteros de la vivienda estaban en la planta -2. Bajaron en el ascensor. Estaba convencido. Ese era el piso. Tenía que comentarlo con Itzi, pero estaba convencido. Y encima amplio. Con lo que les gustaban las casas grandes. Llenarían las paredes de estanterías para guardar todos sus libros.

El ascensor se abrió y frente a ellos apareció una puerta roja.

-Los trasteros.

La puerta se quejó con un chirrido metálico según se abría.

-Necesita un poco de aceite.

Los dos rieron mientras descendían las escaleras que llevaban al pasillo de los trasteros. El pasillo era largo y, a cada lado, estaban las puertas. Mientras lo recorrían una de las puertas se entreabrió y por ella asomaron dos ojos expectantes. «Es el vecino del cuarto», le comentó el dueño, después de abrir la puerta de su trastero. «Es un hombre extraño, pero inofensivo».

El trastero de la vivienda estaba sin pintar, tenía algo de humedad y su bombilla no funcionaba pero, por lo demás, era perfecto.

-Alguien ha debido de tocar los fusibles. Ayer funcionaba. Espérame un momento, que ahora vuelvo.

Y se marchó. Me encanta. Es el piso perfecto. El trastero necesita una capa de pintura y listo, a llenarlo de cosas. A Itzi le iba a entusiasmar. Este era el piso. Amplio y luminoso. Muy amplio.

De repente, la luz se apagó, la luz de todo el pasillo, y se sumió en la oscuridad.

– ¿Oiga?

No recordaba su nombre. Tampoco veía nada. Y no se oía nada.

-¿Está ahí? Se ha ido la luz.

Silencio.

Avanzó por el pasillo con cuidado, guiándose con las manos. Alcanzó las escaleras sin problemas y las subió lentamente. Pero la puerta estaba cerrada. La empujó con fuerza. Pero no se movía.

-¿Oiga?

Buscó la manilla desesperadamente. ¡No me puede estar pasando esto a mí! Pero la puerta no tenía manilla. Ni cerradura. Estaba rodeado por la más absoluta oscuridad, en medio del silencio, en el sótano, en el pasillo de los trasteros. Solo. Hasta que el silencio lo quebró una puerta que crujía a sus espaldas, abajo, en el pasillo, y unos pasos, decididos, que se acercaban, que subían por las escaleras, y unos ojos que lo observaban, en medio de la tiniebla, en medio de aquellas escaleras, de aquel pasillo, estrecho.

Muy estrecho.

Fuente de las fotografías:

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