Hay ocasiones en las que leyendo un blog siento admiración por su autor. Otras, respeto. Pero debo confesar que, en ciertas ocasiones, lo que siento es una gran envidia. Envidia sana, por supuesto. O quizás no.
Este sentimiento es precisamente el que siento cuando leo los cuentos que Santi Pérez Isasi publica en su estupendo blog. Seguramente ya me habréis oído hablar de él por estos lares o por Twitter, porque suelo recomendar sus relatos, de vez en cuando.
Hoy me he despertado leyendo su cuarta Variación sobre Caperucita, un cuento que publicó hace ya casi un mes pero que aún no había leído. Más que recomendable. Si hay algo que admiro (y envidio) de los cuentos de Santi es su fina ironía. Una ironía mordaz, pero nunca hiriente. Una ironía inteligente que logra sacarme una sonrisa y que me recuerda mucho (muchísimo) a Benedetti.
Se me ocurren un montón de cuentos de Santi que os recomendaría leer pero ahora mismo me vienen dos a la cabeza que ha publicado recientemente. El primero: La oficina en invierno, un cuento que podría haberse hecho realidad en nuestra oficina este invierno disfrazado de primavera. El segundo: el último que ha publicado, El tigre. Un relato sobre un tigre mágico o simbólico o de carne y hueso o de letras. ¿Quién sabe?
Hoy me disponía a escribir una pequeña entrada para la sección de ecos de otros blogs, pero el correo, el de toda la vida, no el electrónico, me ha traído una grata sorpresa que ha hecho que cambie la programación bloguera del día. Una sorpresa grata, en primer lugar, por inesperada y, en segundo, por su contenido. Y como ha sido inesperada, me ha pillado en la biblioteca, aprovechando la calma previa a la tormenta (este jueves llega la marabunta de alumnos de verano) para dedicarle unas horas a mi tesis, la eterna relegada a un tiempo secundario. Una compañera de despacho me ha avisado de que tenía un paquete sobre mi mesa. Parecen libros, me ha dicho. Y uno que es muy curioso no ha podido evitar salir disparado de la biblioteca para abrir el paquete.
Pero centrándome: ¿qué contenía el paquete?
La inmortalidad del cangrejo, por Fernando J. López
Si no conocéis a Fernando J. López ya vais tardando en visitar su perfil de Twitter o su blog de profesor de secundaria (hasta tiene ya entrada en la Wikipedia). Pero, ante todo, ya estáis tardando en leer sus novelas o ver sus obras de teatro. Yo, hasta el momento, he leído dos de sus novelas: La edad de la ira y Las vidas que inventamos. Las dos son muy recomendables pero, si me dan a elegir, me quedo con la primera, una novela sobre la que ya hablé hace bastante tiempo en este rincón y de la que guardo un gran recuerdo como lector, sobre todo por la ternura con la que Fernando trata a sus personajes.
Desde hace tiempo, estaba con ganas de hacerme con su última novela y para mi sorpresa hoy me la han enviado. Así que, en cuanto me la lea, ya os contaré qué me ha parecido. De momento, os dejo con unas palabras de la primera página de La inmortalidad del cangrejo:
«Es lo bueno que tiene ser cangrejo en el nuevo milenio: no hay que afrontar más miseria —ni más Historia— que la ya conocida.» (Fernando J. López)
El tema del día es cómo hemos ido usando Twitter como profesores, con nuestras dudas, nuestras dificultades y nuestros logros. Y para organizarlo un poco, hemos elaborado un pequeño guion (que seguramente no sigamos):
Presentarnos y hablar un poco de dónde enseñamos (tipo de alumnos, etc.).
Cómo conocimos y empezamos a usar Twitter (hacer un poco de abuelos cebolletas y mostrar nuestros miedos y decepciones de los inicios puede ayudar a profes novatos).
Consejos sobre cómo buscar gente a la que seguir.
Usos de listas.
Usos de hashtags (#langchat, #twitterele, #authres).
El hangout se transmitirá en directo por Youtube así que, si os interesa verlo, estad atentos a Twitter esta tarde a las 19:00.
Estos días estoy descubriendo o, mejor dicho, redescubriendo ciertas plataformas. Como os comentaba hace unos días, he autopublicado mi primera novela zombi en Amazon y en Lulu. Y tras publicarla, estoy danzando de un lado a otro de la web para empaparme un poco de otras experiencias de autopublicación. Entre tantas experiencias, destacaba la plataforma BiblioEteca, así que me dio por investigar un poco más.
Nada más entrar me di cuenta de que aquello me sonaba y, en cuanto traté de crearme un usuario, me dijo que mi email ya estaba asociado a una cuenta. ¿Así que tenía ya un nombre de usuario?, me dije. Y yo sin recordarlo. Pero en efecto: lo tenía.
BiblioEteca es una red social de libros que sirve tanto para que los lectores organicen su biblioteca de lecturas, las valoren y encuentren reseñas de nuevos libros, como para que los lectores accedan a las plataformas de venta y comparen precios. Pero no se queda ahí ya que es también una plataforma para que los escritores publiquen sus nuevos libros. Para acceder a esta posibilidad no hay más que solicitar una invitación en la propia herramienta y rápidamente te dan acceso.
La plataforma de publicación es sumamente sencilla. Admite varios formatos (epub, mobi y pdf) y, lo más interesante, te da la posibilidad de habilitar la opción PSTG: Paga Si Te Gusta. Es decir, los lectores se descargan el libro gratis y, una vez leído, deciden si pagan por él. El autor plantea un precio recomendado, pero el lector puede pagar más, menos o nada en absoluto.
Como lector empedernido, estas nuevas formas de acceso a los libros me parecen de lo más interesantes. Cuántas veces me he arrepentido de comprar un libro y haberme gastado, como mínimo, 7 euros en una bazofia. Cómo me hubiera gustado poder decidir a posteriori si pagaba por lo que leía o no. Bien es cierto que el precio de muchos ebooks, hoy en día, es menos sangrante (0,89 €), pero aún así no está nada mal poder pagar tras valorar adecuadamente lo que compras.
En definitiva, ahora también podéis encontrar mi nueva novela en BiblioEteca y con la posibilidad de descargarla gratuitamente, en la modalidad paga si te gusta. No os la perdáis. Ahora no tenéis excusa 🙂
Que nadie se preocupe. Ningún virus pornográfico se ha adueñado del control de mi blog. Ni a partir de mañana voy a transformar este pequeño rincón en un espacio para los encuentros íntimos virtuales. Que nadie se preocupe… o se haga ilusiones, según como se mire.
Esta entrada no es más que un pequeño experimento. Un divertimento que se me ocurrió este fin de semana tras sorprenderme con el número de clics que había recibido un artículo que había compartido por Facebook y Twitter. El artículo se titulaba «Yo quería sexo, pero no así» y recibió 31 clics, según Karmacracy.
Para quien no conozca Karmacracy, es un servicio que te ofrece la posibilidad de compartir enlaces y controlar el impacto de los mismos en las redes. La verdad es que resulta una herramienta muy útil para saber qué contenido le interesa a tu audiencia.
Generalmente, en mis redes, comparto artículos relacionados con educación o temas de actualidad. La mayoría de enlaces recibe entre 4 y 10 clics. Sin embargo, este artículo, con un titular llamativo y con la palabra sexo, rompió la media claramente. El artículo es muy interesante pero, seamos sinceros, el clic se da solo por el titular llamativo y con la palabra sexo.
Ayer hice una nueva prueba. Leí otro artículo interesante y, nuevamente, con otro titular llamativo y con temática sexual: «Sí, soy lesbiana. Pero no quiero acostarme contigo». La historia se repitió: 21 clics. Otra vez por encima de la media.
El asunto no ha hecho más que recordarme las palabras de la que probablemente haya sido la mejor profesora que he tenido nunca: mi profesora de Historia del colegio. Ella me enseñó a entender la Historia, a darle sentido a los acontecimientos, a las guerras, buscando las raíces económicas de todos los conflictos. Pero además del dinero, siempre nos decía que había otro factor a tener en cuenta.
«Hay dos cosas que mueven el mundo: el dinero y el sexo. Y si rascas un poco en todo acontecimiento histórico, acabas encontrando una u otra. Y a veces incluso las dos juntas.»
Así que, una vez colocado el título llamativo con la palabra sexo en este post, ahora toca observar cómo suben los clics y crecen las visitas.
Es mayo. Casi ya terminado, pero es mayo. Todavía. Un mayo húmedo y nuboso, que anuncia más un invierno que se resiste a irse que un verano perezoso en su llegada. Y mientras las nubes se quedan con nosotros unas semanas más, los que se van son los estudiantes de los programas de primavera y, en breve, los estudiantes Erasmus. Aunque es un irse momentáneo porque, sin tiempo para echarles de menos, llegan otros. Para llenar las aulas y los claustros estos meses de verano.
Un gran regalo de boda: que tus alumnos vengan a verte.
Es mayo. Un mayo poco florido y más lánguido que hermoso. Y, como cada mayo, toca hacer balance del curso que se acerca a su fin y comenzar a planear las clases del curso que se acerca a su inicio. En mi caso, las clases de septiembre, porque ahora, en junio y julio, me toca trabajo de oficina.
Es mayo. Un mayo disfrazado de abril que, con los vientos de marzo, probablemente embellezca un junio que tarda en llegar, de tan deseado. Estos días se acumulan en mi lista de tareas muchos proyectos. Uno de los primeros: rediseñar el curso de teatro que toman nuestros estudiantes. Otro, igual de importante: revisar y revisar manuales de español porque, después de unos cuantos años usando Prisma para los niveles A1 y A2, en el departamento andamos con ganas de cambio. Es sorprendente cómo, después de varios cursos utilizando un mismo manual, acabas aprendiéndote de memoria hasta las audiciones y cómo esa repetición acaba por cansarte y aburrirte. Así que el próximo curso toca renovación.
El póster que nos han regalado los estudiantes que llevan todo el año con nosotros.
Es mayo. Y con las tímidas flores que comienzan a abrirse en los jardines, en el departamento también han llegado nuevos manuales. De momento, el que gana la competición, al menos para A2, es Bitácora 2. En el caso de A1, la decisión aún está en el aire. Hace tiempo pensé en probar con MetaELE, el manual de @jramon y @magarciaguerra (entrevista a los autores), pero se nos quedaba corto en número de horas del curso. La verdad es que uno de los aspectos que más llama la atención de los Bitácoras es su diseño. Se puede pensar que es una cuestión superficial y, sin duda lo es: la forma sin contenido no sirve para nada. Sin embargo, en los tiempos que corren, en los que nos acechan los reclamos audiovisuales, un manual con un diseño cargado, plagado de texto, con pocas imágenes, resulta simplemente un peñazo. Y en eso, desde luego, los Bitácoras se llevan la palma.
Es mayo. Y, como suele ocurrir, cuando uno comienza a revisar manuales para un nivel, siempre acaba echándole un ojo a otros niveles. Y es que hace poco recibimos el nuevo Bitácora 3 y, aunque no cubre los niveles que imparto, me enamoró su unidad de presentación. En realidad, primero le enamoró a mi compañera de mesa y luego a mí, de rebote. No es, ni mucho menos, la invención de la pólvora, pero el uso de imágenes hace mucho más atractiva la actividad: un cuestionario sobre gustos y preferencias, junto con imágenes con las que identificarse, para que los estudiantes dialoguen entre sí. Simple y eficaz. Al igual que las nubes de etiquetas en el inicio de cada unidad: una forma atractiva de activar el conocimiento previo.
Es mayo. Mes de renovación, mes de cambio. Y por eso se agradece encontrar en los manuales textos diferentes. O mejor dicho: textos normales. «Textos interesantes y actuales: documentos que el alumno querría leer en su propia lengua», como he leído en la introducción de Bitácora 3 (p. 5) Ya está bien de textos con curiosidades culturales que lo único que logran es incrementar los estereotipos que el alumno trae en su mochila cuando llega a España. Ya está bien de pintxos, tapas y paellas. Y panegíricos a la realeza y ceremonias del pañuelo. Me quedo con textos que me interesaría leer a mí también y con una cierta conciencia social, sin ser pretenciosos: «el banco del tiempo» o «¿a qué jugamos» (sobre el consumo responsable de juguetes), por ejemplo.
Es mayo. «Mayo de flores sin flores». Pero, entre tanta ausencia, da gusto toparse también con las publicaciones del Molino de ideas. Descubrí hace tiempo su conjugador online y, desde entonces, se convirtió en una referencia imprescindible para mis alumnos. Y hace tiempo también que tengo entre manos una de sus publicaciones sobre el verbo: El verbo en español. El libro es un perfecto manual para todo profesor, por su análisis detallado de la conjugación verbal. Además, como siempre en el caso de Molino de ideas, destaca por su gran esfuerzo por tratar de buscar reglas y trucos que simplifiquen y faciliten el aprendizaje:
«No necesitas memorizar largas listas, sino reglas y trucos que te permiten manejar cualquier verbo.» (p. 26)
El libro se divide en cuatro secciones y anexos, que forman, con sus títulos, una palabra idónea para este mes de mayo: el verbo Regular, el verbo Irregular, verbos Especiales, Genera verbos y Anexos. Cinco apartados que forman la flor del verbo en español. Todos ellos son reseñables, tanto por su contenido como por su diseño, pero en particular me gusta un apartado de la cuarta sección titulado «¿Es regular este verbo?». ¿Y por qué me gusta? Pues precisamente porque está en sintonía con la intención del manual: no a las largas listas y sí a las reglas y trucos para aprender a conjugar, esa actividad que tan bien describen en el Molino de ideas:
«Conjugar un verbo no es muy diferente de hacer buen pan: se necesitan buenos ingredientes y buenas instrucciones.» (p. 104)
Es mayo. Y como en todo mayo que se precie, «sobre el Serantes las nubes/ son peces contaminados». Bien es cierto que los nubarrones son negros más por la tormenta que no acaba de marcharse, que por las viejas fábricas de la margen izquierda, la mayoría ya desaparecidas. Pero es mayo. Igual que ayer. Igual que mañana.
Si te pasas por este blog de vez en cuando, seguramente sabes de mi afición por escribir pequeñas historias y algún poema desorientado. Y, unida esta afición, a mi gusto por el género zombi, hace más de un año abrí otro blog para contar las aventuras y desventuras de un pequeño grupo de supervivientes a una epidemia zombi. Esa historia ha ido creciendo pasito a pasito y, tras unas semanas de intenso trabajo revisando y corrigiendo los textos, ayer la publiqué en Amazon.
Aunque no es el primer libro que publico en Amazon (el anterior fue uno de poemas), esta vez he sido más cuidadoso en todo el proceso de edición y publicación. Digamos que lo he hecho con más mimo. A decir verdad, publicar en Amazon es un juego de niños. De todos modos, os recomiendo echarle un ojo a esta serie de artículos publicada por Luis Jiménez. La reseñó Julen Iturbe hace poco en su blog y me ha sido de gran ayuda.
Los artículos de Luis Jiménez me han servido, además, para investigar otras plataformas de autopublicación, por ejemplo, Lulu, donde he aprovechado para crearme mi librería online. Por cierto, Lulu es igual de sencillo que Amazon. Ahora mismo, estoy echándole un ojo a otra plataforma: Smashwords. A primera vista, parece muy interactiva (lector-autor), aunque el diseño deja mucho que desear.
El año 2010 está a punto de finalizar cuando la muerte parece burlarse de los vivos. Al principio son casos aislados, pero en pocos días, las calles se convierten en territorio de guerra por la supervivencia. Los vivos enferman, mueren y resucitan dispuestos a acabar con toda la especie humana.
Mayo de 2011. Las estructuras gubernamentales comienzan a flaquear. En la península ibérica, se organizan los primeros desplazamientos forzosos a los Centros de Resistencia.
Agosto de 2011. En el norte de la península solo quedan dos Centros de Resistencia, el de Oviedo y el de Bilbao. Su supervivencia pende de un hilo.
Octubre de 2011. El caos es total. Los medios de comunicación se apagan. Internet desaparece.
Pero en medio del caos, los supervivientes se organizan, se agrupan y se defienden de los zombis. Y entre tanta muerte y destrucción, Vladek, un superviviente del Campamento Última Esperanza, funda una radio para llevar la esperanza a quienes vagan sin rumbo por los caminos.
Esta es la primera parte de la historia del Campamento Última Esperanza, las primeras 37 emisiones de Vladek. Una historia de supervivencia.
La novela está disponible en Amazon en formato Kindle o en Lulu en formato epub. Si la leéis y os gusta, no os olvidéis de dejar vuestra valoración en estas plataformas. ¡Os estaré muy agradecido!
Hoy me junto con varias recomendaciones para celebrar el Día del Libro.
La primera de todas es la reflexión de Santi Pérez Isasi en el blog Un libro al día (y, de paso, os recomiendo este blog literario con una reseña diaria). Santi se pregunta si es posible un mundo sin libros y lo aborda desde dos puntos de vista: el libro como objeto y el libro como contenido. No podría estar más de acuerdo con sus conclusiones, aunque el debate está abierto.
La segunda es la entrada conjunta que hemos elaborado hoy en el blog de nuestro departamento: Feliz día del libro en CIDE. En ella podéis encontrar unas cuantas recomendaciones literarias de los profesores y el personal del departamento. Hay para todos los gustos.
La tercera es una entrada del blog Papeles Perdidos: Once libros para conocer el corazón del mundo. El autor nos propone once libros que nos pueden transportar a once países del mundo para conocerlos mejor. Unas recomendaciones muy interesantes y variopintas.
Lo siguiente es recomendaros los dos mejores libros que he leído últimamente. El primero, Mr Gwyn, de Alessandro Baricco. Hace unos meses le dediqué una reseña aquí mismo y otra en Un libro al día. La segunda, Africanus: el hijo del cónsul, de Santiago Posteguillo. Ha sido mi último gran descubrimiento, sobre todo porque no me gusta nada la novela histórica y, sin embargo, esta me ha encantado de principio a fin. La novela está bien escrita, tiene un ritmo narrativo apasionante y dos grandes personajes brillantemente construidos (Publio Cornelio Escipión y Aníbal). No os la podéis perder.
Y para terminar, no puedo olvidarme del regalito que me han hecho hoy: La ciudad de los ojos grises, de Félix G. Modroño. Y lo mejor de todo es que me lo ha regalado el propio Félix.
La respuesta es a un tiempo fácil y compleja. La podéis buscar en la voz de algunos twittereleros muy activos en el podcast o leer la entrada de Daniel Varo en su blog o su artículo en colaboración con Roberto Cuadros.
Yo os voy a dar algunos datos que ilustran qué es #twitterele. La semana pasada #twitterele fueron 180 tweets de 67 usuarios diferentes, cifras más que interesantes para un hashtag que tiene más de un año de vida y una comunidad de usuarios tan específica. Además, #twitterele, en estos momentos, anda trasteando en un documento de Google Drive para tratar de organizar el primer hangout y la primera quedada #twitterele.
Entonces, ¿qué es #twitterele? Yo lo resumiría en dos definiciones. La primera: #twitterele es algo tan simple como un hashtag de Twitter. La segunda: ese hashtag ha logrado dar visibilidad a una red de profesores tuiteros muy activos. El hashtag no ha creado la red. La red ya existía, pero el hashtag ha ayudado no solo a darles visibilidad sino a hacerles conscientes de su existencia como red. Ese probablemente es el gran logro de #twitterele: dar visibilidad y conciencia a una red profesional horizontal, caracterizada por la ausencia de estructuras formales, organizada en torno a una red caracterizada por un aparente caos (Twitter) pero capaz de organizarse cuando es necesario para cubrir sus objetivos: la autoformación, la colaboración entre iguales y la mejora profesional continua.