¿Cómo narices se acentúa cóomo? (Actualización)

Hace una semana dedicaba una entrada al caso del «cómo» que apareció en la famosa carta que Esperanza Aguirre envió a los «Profesores de Educación».  Por recordar el polémico ejemplo, recojo aquí de nuevo la frase:

“Basta con mirar alrededor o leer la prensa diaria para comprobar cómo los comercios cierran, las empresas despiden, los jóvenes van a engrosar las cifras del paro y cada día hay mas (sic) familias con todos sus miembros desempleados.” (Carta Esperanza Aguirre)

En aquella entrada, rastreaba la respuesta en el Diccionario Panhispánico de dudas (2005) y en L. Gómez Torrego (2011): Las normas académicas: últimos cambios, pero no tenía la última Ortografía de la Lengua Española (2010) a mano para comprobar exactamente qué decía la RAE a este respecto. Después de echarle un ojo y comentarlo con mi exprofesora de Morfosintaxis en la universidad, la conclusión a la que llego ahora es diferente a la que expuse en el anterior post: la tilde en este caso es opcional ya que «la percepción o exposición de un hecho es indisociable de la del modo en que este se produce». En estos casos, la OLE10 concluye que «es admisible su escritura sin tilde o con ella».

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Por resumir el tema de la tilde diacrítica para la palabra como con verbos de percepción o con los que denotan exposición o relato, la OLE10 distinguiría tres casos:

  • cuando como (átono) funciona como conjunción completiva equivalente a que, «introduciendo subordinadas sustantivas de complemento directo»: «Ya verá como al final todo se resuelve» [=’ya verá que’]
  • cuando cómo (adverbio interrogativo tónico) «introduce oraciones interrogativas indirectas de valor modal»: «Vi cómo lo hizo» [=’Vi de qué modo lo hizo’]
  • cuando como/cómo introduce oraciones en las que «la percepción o exposición de un hecho es indisociable de la del modo en que este se produce»: «Oyó como se abría una puerta.», «Oyó cómo madre e hijo bajaban la escalera de nuevo.», «Rogelio vio como Mayra se alejaba.», «Vi cómo en cada salida se llevaban los cubiertos de plata.», etc.

En este último caso, según la Academia, muy frecuente, la escritura de la tilde es opcional. Sin embargo, cuando se quiere delimitar claramente la diferencia entre el valor modal y el valor completivo, habría que elegir entre escribir la tilde o no, según fuera el caso. La Academia propone los siguientes ejemplos para ilustrar esta situación:

  • Ya verás como viene (‘seguro que viene, ya verás’).
  • Ya verás cómo viene (‘ya verás de qué manera viene: desaliñado, cansado…).

Nota: las explicaciones y los ejemplos de esta entrada están extraídos de la Ortografía de la lengua española  (2010) [OLE10] de la RAE, páginas 265-268.

Actualización para esta entrada.

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Primer día de curso (II): la ONU

Hace una semana os hablaba de mi inicio de curso con uno de mis grupos de español. Hoy es el turno de hablar de mi otro grupo.

El jueves pasado comenzaron mis clases con un grupo de Erasmus, estudiantes de grado y de posgrado. El grupo es de nivel A1 y la mayoría de los estudiantes tiene un nivel 0 o muy próximo al 0. Sin embargo, hay una estudiante alemana que despunta y tira hacia arriba del grupo. Por su cuenta, se ha puesto a estudiar y en dos semanas ya tiene un nivel majo como para tratar de hablar siempre en español durante la clase. Y uno se pregunta: ¿cuál es el problema? Pues básicamente que la mayoría de sus compañeros no saben ni cómo se pronuncian las palabras en español mientras que ella incluso se lanza a decir algún verbo en pasado, aunque meta la pata. Así que, después de una semana de clase, todavía ando pensando en cómo hacer que esta estudiante saque el máximo partido a mis clases sin por ello elevar demasiado el nivel y que el resto (la mayoría) sea incapaz de seguirme. La solución que he pensado es la siguiente: como estamos usando Edmodo como plataforma online, le voy a enviar tarea extra opcional para que, si quiere ir avanzando, pueda hacerlo por su cuenta. Ya sé que de esta forma no hago sino incrementar la distancia entre ella y el resto de estudiantes, pero como hasta diciembre tiene que estar en mi grupo, por lo menos así lo podrá aprovechar al máximo.

Aparte de esto, la gran diferencia entre este grupo y el otro es la homogeneidad/heterogeneidad cultural. Ya sé que corro el riesgo de que @imurua vuelva a «echarme la bronca» diciéndome muy certeramente que no existen grupos homogéneos. Cierto es: cada alumno es un mundo. Pero en lo que se refiere al origen cultural (en grandes rasgos, sin entrar en la diversidad interna de una cultura o de un país), en el otro grupo son todo estadounidenses, excepto una holandesa adicta al fútbol; y en este, cada uno es de su padre y de su madre. A decir verdad ni me acuerdo de todos sus países de origen. Estos son los que recuerdo: Etiopía, Uganda, Pakistán, Serbia, Moldavia, Alemania, Nepal, Irlanda, etc.

La verdad sea dicha, con esta mezcla tan interesante, el grupo promete. Además, hoy por fin he conseguido conectar con ellos y las clases empiezan a fluir como la seda. Pero este es tema para otra entrada.

Fuente de la fotografía: Dolly mixtures de Josh Roulston

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Y pasaron diez años

Parece mentira, pero sin darme cuenta han pasado diez años desde aquel 11 de septiembre de 2001.  Recuerdo perfectamente aquel día. Aquel septiembre empezaba 2º de bachillerato, pero todavía estaba en casa porque en mi colegio no habían empezado aún las clases. Recuerdo que estaba con mi madre terminando de comer cuando, de repente, sonó el teléfono. Era mi padre, desde el coche o desde la oficina. Poned la tele porque algún avión se ha debido de caer en Nueva York, nos dijo. Y allá fuimos nosotros, al salón. Encendimos la televisión y al poner las noticias, acababan de conectar con Nueva York para mostrar las primeras imágenes de lo que parecía un desgraciado accidente en pleno Manhattan. Y allí nos quedamos, embobados delante de la televisión, viendo unas imágenes que parecían más una película que la realidad.

A partir de ese momento, toda la tarde la pasamos allí, delante de la televisión sin poder creer lo que estaba ocurriendo, porque en el momento en que el segundo avión impactó contra las torres ya quedaba claro que aquello no era un mero accidente. Recuerdo que las imágenes del Telediario eran en realidad de la CNN (o de algún otro canal estadounidense) y que, según iban sucediendo los hechos y antes incluso de tener imágenes de lo que sucedió en el Pentágono o en Pennsylvania, los rótulos en inglés lo iban anunciando. También recuerdo como aquel día empecé a grabar las noticias y prácticamente grabé todo lo ocurrido desde las tres y pico hasta la noche. Y al día siguiente compré diversos periódicos, para conservarlos, porque sin duda aquello era un hecho histórico de una magnitud que, en aquel momento, era difícil de calcular.

Hoy, diez años después, las consecuencias han sido incluso peores de lo que se podía entonces imaginar. Anteposición de la seguridad por encima de la libertad y los derechos civiles, justificación sin tapujos de la tortura, Guantánamo, fortalecimiento de la extrema derecha, gastos militares multimillonarios, Irak, Afganistan, el asesinato selectivo en territorio soberano de un estado extranjero y demasiados etcéteras asquerosos y escandalosos. Diez años después, la pregunta que hoy se hace Noam Chomsky en Público es como un grito contra la locura colectiva en la que se ha sumergido EEUU y, en general, la sociedad occidental: «¿Era la guerra la única opción tras el 11-S?»

Hoy, diez años después, el mundo no es ni mucho menos un lugar más seguro, más bien todo lo contrario, y los conflictos abiertos tras ese 11 de septiembre están muy lejos de ser resueltos. Hoy, diez años después, me viene a la cabeza el final de un poema de Benedetti, escrito para otras guerras pasadas, pero que encaja a la perfección para las presentes:

en cambio
un hombre está listo
cuando ustedes
oh marine
oh boy
aparecen en el horizonte
para inyectarle democracia.

(Ser y estar, Mario Benedetti)

Nota: Hoy también es interesante la lectura de otro artículo del diario Público: «Un atentado que dio paso al orden mundial ‘neocon'»

Fuente de las fotografías:

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¿Cómo narices se acentúa «coómo»?

A raíz de la famosa carta que Esperanza Aguirre envió a los «Profesores de Educación» madrileños, llevo toda la semana haciéndome esta pregunta: El famoso cómo de la carta, ¿se acentúa o no? He trasteado por internet buscando la respuesta y, por el camino, me he encontrado con respuestas serias y otras calificables cuanto menos como «curiosas». Dentro de este último grupo la mejor, sin duda, ha sido el comentario de una usuaria de Facebook en la página de Ignacio Escolar que argumentaba que ese cómo no llevaba tilde ya que ya no se acentuaban los interrogativos, ni qué, ni cómo, ni dónde (¿¿??). Lo peor es que, cuando le contesté diciéndole que de dónde se había sacado esa nueva norma, me insistía en que el equivocado era yo y que la RAE lo había cambiado recientemente.

Chascarrillos aparte, una semana después sigo sin tenerlo muy claro. Pero vayamos por partes. El polémico como aparecía en esta oración:

«Basta con mirar alrededor o leer la prensa diaria para comprobar cómo los comercios cierran, las empresas despiden, los jóvenes van a engrosar las cifras del paro y cada día hay mas (sic) familias con todos sus miembros desempleados.» (Carta Esperanza Aguirre)

Acudiendo a los doctos en la materia, es decir, la RAE, el Diccionario panhispánico de dudas (2005) dice lo siguiente:

d) Funciona como conjunción completiva equivalente a que (→ que, 2.1), introduciendo oraciones subordinadas sustantivas de complemento directo. Hoy solo es normal su empleo con los verbos de percepción ver y oír, y sus sinónimos: «Ya verás como no va a pasar nada» (ASantos Estanquera [Esp. 1981]); «El día se inicia con una mañana helada, después llueve y hasta puede nevar, pero siempre observará como la luz del sol va aumentando» (Nacional [Ven.] 12.1.97); «Oyó como se abría una puerta y vio entrar a un soldado» (Chamorro Cruz [Esp. 1992]); «Se escucha como varias voces empiezan a contestar a este último grito» (López Vine [Méx. 1975]). Su uso con otros verbos resulta hoy algo forzado y, en su lugar, se prefiere la conjunción que: en la actualidad no diríamos Me dijo como no podía pagarme, sino Me dijo que no podía pagarme. Con este valor conjuntivo, como es átono y se escribe sin tilde. No obstante, se hace a veces tónico por contaminación con el adverbio interrogativo de sentido modal cómo (→ cómo), ya que, con verbos de percepción, como es el caso de ver y oír, la noción de modo, aunque secundaria, está también presente en los enunciados; así, en la oración Vio como los policías saltaban la valla, la percepción del hecho en sí [= vio que los policías saltaban la valla] es indisociable del modo en que se ejecuta la acción [= vio de qué modo los policías saltaban la valla]. Pero a pesar de pronunciarse tónico, el como conjuntivo debe seguir escribiéndose sin tilde para diferenciarlo del adverbio interrogativo cómo. Esta distinción es en algunos casos determinante a la hora de interpretar correctamente un enunciado: en Ya verás como canta Juan se transmite al interlocutor la seguridad de que Juan va a cantar, mientras que en Ya verás cómo canta Juan se pondera anticipadamente ante el interlocutor la forma de cantar de Juan.

Después de leer el DPD, la conclusión es clara: ese como es una conjunción equivalente a que y como tal se escribe sin tilde, para diferenciarlo del adverbio interrogativo. Sin embargo, si acudimos a Leonardo Gómez Torrego (2011): Las normas académicas: últimos cambios, donde se recogen los últimos cambios normativos que la Academia ha realizado en la Nueva gramática de la lengua española (2009) y en la última Ortografía de la lengua española (2010), se puede observar que la cuestión parece haber variado un poco (pp. 61-62):

En la OLE10 (Ortografía de la lengua española, 2010) se dice que en los casos en que confluyen el valor interrogativo y el conjuntivo de cómo, la tilde es opcional:

  • En ese momento notó cómo/como (‘que’) se cerraba la puerta tras él.

ADVERTENCIA

En la OLE10 no se contempla un como conjuntivo completivo (con valor de que) sin interferencias con el interrogativo, que puede aparecer con verbos de percepción en oraciones del tipo:

  • Ya verás como al final no viene Juan.
  • En ese momento vi como no quería saber nada de nosotros.

En el DPD se dice que este como es átono y, por tanto, se escribe sin tilde.

En nuestra opinión, es tónico y, como tal, debería llevar tilde.

No tengo la última edición de la Ortografía de la lengua española para comprobar exactamente cómo explica este caso, sin embargo, después de leer a Gómez Torrego, el asunto no me queda nada claro. En la frase de la famosa carta, en mi opinión, no cabe confusión entre el uso interrogativo y el conjuntivo: el como tiene un uso claramente conjuntivo con valor de que. ¿Pero no lleva tilde o la tilde es opcional? La verdad es que el DPD es bastante claro en este asunto, pero la OLE10 parece haber introducido una cierta ambigüedad en el tema.

¿Alguien lo tiene más claro que yo? Cualquier comentario será muy agradecido.

Actualizaciones para esta entrada: I y II.

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Primer día de curso: Calentando motores

Quería haber publicado esta entrada ayer, pero mi blog ha estado caído casi dos días. Por fin, después de mucho indagar, lo he conseguido levantar de nuevo (aunque sigue dando muchos problemas). Así que, con un día de retraso, aquí va esta entrada.

Ayer fue el primer día de clase. He empezado suave suave con un grupo de español, mañana comienzo con otro y el lunes abrimos también el curso de teatro. Mi primer grupo de español es homogéneo en cuanto a nacionalidades: todos son estudiantes estadounidenses. El grupo que empieza mañana, por contra, va a tener un popurrí de lo más interesante. Todavía no tengo la lista de alumnos pero seguro que el origen de los estudiantes es muy diverso. Sobre este tema es habitual que te pregunten: ¿Qué prefieres: un grupo homogéneo o relativamente homogéneo o un grupo muy diverso? Si digo la verdad, no tengo una respuesta clara: me gustan ambos. Por un lado, estoy muy acostumbrado a estos grupos de solo estadounidenses por lo que les tengo cogido el truco. Y por otro lado, la diversidad cultural hace que las clases sean más entretenidas, más polémicas y, en cierto modo, las convierte en un reto apasionante.

¿Qué tal ha ido el primer día? Bastante bien. Mis nuevos estudiantes tenían la cara de susto que suelen traer los alumnos nuevos el primer día. Y sus caras de susto se han acentuado cuando Nico ha hecho su aparición estelar en el aula. En cualquier caso, no puedo sino reiterar que el uso de un peluche como Nico es un recurso fantástico para romper el hielo y presentarse. Además, la actividad de los corazones sigue pareciendo estupenda para empezar a conocerse.

Y mañana, toca un grupo nuevo. Del que os hablaré la semana que viene.

Aviso: Aunque el blog funciona aparentemente, los links van a dar error. No tengo muy claro dónde está el problema, pero espero solucionarlo cuanto antes. Gracias por vuestra paciencia.

Fuente de la fotografía: Starting line at the Washington DC National Marathon de gdudg.

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Morituri te salutant (VI)

Aquel mediodía el súper estaba más vacío que de costumbre. Cómo se notaba que ya era agosto. La ciudad se vaciaba, cada verano, de repente, como una bañera sin tapón. Como un remolino, las autopistas se tragaban los coches. Y en los coches, la gente. Y la ciudad y los supermercados se quedaban desiertos.

Metió todo lo comprado en bolsas, pagó y salió en dirección a su casa. Vivía cerca, apenas a dos manzanas cuesta arriba. Qué solitario estaba el barrio, con la vida que tenía durante el periodo escolar. Los niños esperando al autobús del cole, los padres a las puertas de las escuelas, los abuelos en el parque con los nietos… Rebosaba de carreras, gritos y sonrisas. No como ahora, en agosto, un barrio apático y dormido.

Llegó al portal, lo abrió, subió la rampa y llamó al ascensor. No tardó mucho en llegar. Vivía en el segundo, un tercero con la entreplanta. Habitualmente subía por las escaleras, pero hoy, con las bolsas y el sol de agosto, estaba agotada. Abrió la puerta del ascensor, entró y dejó que se cerrara a sus espaldas. En ese momento, oyó pisadas aceleradas por la rampa y el portal cerrarse con un portazo. Trató de abrir el ascensor, pero las puertas interiores ya se habían activado. Lo siento, no te he visto entrar, le dijo a la sombra que veía a través del cristal opaco de la puerta del ascensor. Pero la sombra no le contestó.

Qué rabia. Sería un vecino de los pisos de arriba. Vaya faena, con lo lento que era el ascensor. Iba a tener que esperar un rato hasta que bajara de nuevo. Solo había un ascensor para toda la escalera. Ocho pisos y cuatro puertas por planta. Demasiados vecinos para un ascensor viejo y lento.

Cuando llegaba al primero, escuchó pasos por la escalera. Será algún vecino de mi piso o del tercero. Esos suelen subir andando. Claro, como son jóvenes. Los pasos aceleraron, subían con ímpetu.

El ascensor llegó al segundo, su piso. Abrió la puerta mientras escuchaba cómo los pasos se acercaban, habían rebasado el primero. Lo siento, dijo en dirección a la escalera. Pero nadie le contestó. Escuchó con atención. No había oído ninguna puerta en el primero, pero los pasos también habían desaparecido.

Repentinamente tuvo un mal presentimiento, así que aceleradamente se dirigió, llaves en mano, hacia su puerta. En ese momento, los pasos reanudaron su intimidación. Los oía cerca. Metió la llave en la cerradura. Más cerca. Abrió la puerta. Muy cerca. Entró en su casa. A su espalda. Y con todas sus fuerzas empujó la puerta para cerrarla, sin siquiera mirar atrás. Demasiado cerca y demasiado tarde. Antes de que la puerta se cerrara, un zapato, pulcro y elegante, se introdujo entre la puerta y el marco. Y la puerta se abrió.

Nadie oyó nada. Nadie vio nada. Hasta que la vecina de enfrente, una universitaria tímida y huraña, al salir del ascensor, vio unas bolsas del supermercado tiradas por el suelo. Y una puerta abierta. Ella fue quien llamó a la policía. Estaba tan nerviosa que no pudo explicar lo que ocurría. Solo repetía: sangre… en el suelo… bolsas… en el suelo… ella… en el suelo…

Fuente de la fotografía:

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1 de septiembre: otro comienzo

Para la mayoría de la gente el momento de escribir una lista de buenos propósitos suele ser el 1 de enero. Yo, sin embargo, la suelo preparar el 1 de septiembre. Cuando era estudiante, los años empezaban con la vuelta al cole o a la universidad y terminaban el día que te daban las vacaciones de verano. Como profesor, mi calendario sigue funcionando igual. Por eso, cuando hablo de años siempre suelo tener que especificar que me refiero a cursos, para no llevar a equívocos.

Hoy, 1 de septiembre, comienza mi año 2011-2012. Y además empieza por todo lo alto: en el aeropuerto esperando a estudiantes. Este año no hemos tenido tiempo ni de aterrizar un par de días antes de que aterrizara la tropa de estudiantes. Ha sido llegar y besar el santo. Y como siempre, retrasos y cancelaciones en los vuelos. Menos mal que me he llevado el ordenador para poder aprovechar un rato y escribir este post (mientras intento gorronearle un poco de wifi a los autobuses públicos).

También con el 1 de septiembre se reabre mi temporada bloguera. Ya tengo comprobado que en verano soy muy poco prolífico en lo que a mi identidad digital se refiere. Creo que durante el curso quedo saturado y en verano necesito un descanso digital. Y ese descanso siempre afecta a mi blog: julio y agosto suelen ser los meses con menos entradas. En septiembre, por contra, crecen como champiñones.

Esta primera entrada de año/curso la dedicaré a mi lista de buenos propósitos:

  • El primero es poner un poco de orden en mi identidad digital, que la tengo un pelín apelotonada. Y eso afecta, sobre todo, a mi blog. La temática continuará siendo la misma, pero pretendo imponerme una regularidad que suele brillar por su ausencia.
  • El segundo propósito es, durante este curso, hacer un mini-estudio comparativo de dos plataformas educativas: Moodle y Edmodo. Mi experiencia con Moodle se limita básicamente al uso como estudiante. Con Edmodo, por el contrario, llevo ya un par de cursos trabajando en mis clases. Mi objetivo es contraponer las dos plataformas en el aula de ELE, para observar ventajas y desventajas. (A Edmodo, en breve, le dedicaré alguna entrada porque tengo que preparar un taller para finales de este mes.)
  • Mi tercer y gran propósito es comenzar mi doctorado. En breve me matricularé y el primer paso consistirá en redactar el proyecto de tesis. Sobre este tema daré debida cuenta según vaya avanzando.

Estos tres son mis grandes propósitos, por lo menos durante el primer semestre. En diciembre tocará revisarlos y plantear nuevos retos.

Y para terminar, no me queda más que desearos mucho ánimo a todos los profes que empezáis hoy con el nuevo curso y recomendaros la lectura de la entrada Mi primera vez en el blog de Lourdes Domenech.

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Morituri te salutant (V)

No lo conocía pero aun así lo dejó entrar. ¿Cómo impedírselo? Era alto, atlético y viril. Tenía ojos claros y pelo oscuro, brazos robustos y manos grandes. Al entrar al portal le dio las gracias con exquisita educación. Vestía bien. Ni muy moderno ni muy clásico, con un marcado estilo personal. Le gustaba.

El portal lucía tenue, como siempre al atardecer. Las bombillas que no estaban fundidas nunca lograban alumbrar lo suficiente y en los recovecos del portal se enquistaban las sombras.

Le abrió la puerta del ascensor y él le cedió el paso caballerosamente. Sin duda le gustaba. ¿Sería un vecino nuevo? Improbable, no tenía llaves.

-¿A qué piso vas?

Titubeó. Entonces debió ponerse a la defensiva, sospechar. ¿Pero cómo iba a sospechar de aquel hombre? Era alto, atlético y viril. Tenía ojos claros y pelo oscuro, brazos robustos y manos grandes. Aquel titubeo no era más que una muestra de timidez que lo hacía más atractivo aún.

– Al diez.

Al último, uno más arriba que ella. Subieron en silencio, hasta el sexto. El ascensor se detuvo. Ella lo miró asustada. Esperaba hallar una sonrisa afable y tranquilizadora, pero encontró unos ojos helados y burlones.

Cuando la luz se apagó, no tuvo tiempo ni de gritar. El gesto fue demasiado rápido. Para cuando se dio cuenta, un reguero de sangre caía por su cuello, mientras aquellas manos grandes, aquel cabello oscuro, aquellos brazos robustos, aquellos ojos claros la observaban, en silencio, en medio de la oscuridad.

No lo conocía. Era alto, atlético y viril. Pero aun así lo dejó entrar.

Fuente de fotografía: Ascensor o escaleras de Cristina V

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Fahrenheit 451 de Ray Bradbury (II)

De momento, Fahrenheit 451 pugna con Emaús (de Alessandro Baricco, muy recomendable) para convertirse en la mejor lectura de este verano. Hace unos días le dediqué ya una entrada en mi blog para recoger un fragmento delicioso y hoy no puedo evitar dedicarle otra. Y es que este fragmento me ha recordado mucho a una canción de Silvio. Así que debajo del fragmento, va la canción.

Cuando muere, todo el mundo debe dejar algo detrás, decía el abuelo. Un hijo, un libro, un cuadro, una casa, una pared levantada o un par de zapatos. O un jardín plantado. Algo que tu mano tocará de un modo especial, de modo que tu alma tenga algún sitio a donde ir cuando tú mueras, y cuando la gente mire ese árbol, o esa flor, que tú plantaste, tú estarás allí. «No importa lo que hagas -decía-, en tanto que cambies algo respecto a como era antes de tocarlo, convirtiéndolo en algo que sea como tú después de que separes de ellos tus manos. La diferencia entre el hombre que se limita a cortar el césped y un auténtico jardinero está en el tacto. El cortador de césped igual podría no haber estado allí, el jardinero estará allí para siempre.»

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Fahrenheit 451, de Ray Bradbury

«Hemos de ser todos iguales. No todos nacimos libres e iguales, como dice la Constitución, sino todos hechos iguales. Cada hombre, la imagen de cualquier otro. Entonces, todos son felices, porque no pueden establecerse diferencias ni comparaciones desfavorables. ¡Ea! Un libro es un arma cargada en la casa de al lado. Quémalo. Quita el proyectil del arma. Domina la mente del hombre. ¿Quién sabe cuál podría ser el objetivo del hombre que leyese mucho? ¿Yo? No los resistiría ni un minuto. Y así, cuando, por último, las casas fueron totalmente inmunizadas contra el fuego, en el mundo entero (la otra noche tenías razón en tus conjeturas) ya no hubo necesidad de bomberos para el antiguo trabajo. Se les dio una nueva misión, como custodios de nuestra tranquilidad de espíritu, de nuestro pequeño, comprensible y justo temor de ser inferiores. Censores oficiales, jueces y ejecutores. Eso eres tú, Montag. Y eso soy yo.»

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