Cada vez que la Real Academia de la Lengua renueva el diccionario y añade, suprime o actualiza algún término, me echo a temblar. ¿Quién saltará esta vez? ¿Qué colectivo se sentirá agraviado por tal definición? ¿Quién dirá la mayor burrada? Y después de escuchar la reacción indignada del colectivo que corresponda, me vuelvo a echar a temblar a la espera de la contrarréplica, porque siempre hay quien se alza en defensor de la Lengua. Como si la lengua necesitara de espadachines o de héroes. Y claro está, la contrarréplica es tan exagerada o más que la primera reacción del colectivo agraviado.
En esta ocasión, ha sido el turno de un político de Eusko Alkartasuna (EA), Juanjo Aguirrezabalaga, quien se ha lanzado al campo de batalla para criticar la reciente inclusión en el diccionario de la RAE de la palabra abertzale con la siguiente definición.
(Del vasco abertzale ‘patriota’ ).
1. adj. Dicho de un movimiento político y social vasco, y de sus seguidores: Nacionalista radical. Apl. a pers., u. t. c. s.
2. adj. Perteneciente o relativo a este movimiento o a sus seguidores.
Como bien explica el susodicho, la palabra abertzale en euskera significa patriota y se siente indignado ante la definición de la palabra en castellano, puesto que sólo alude al colectivo nacionalista radical. Sin lugar a dudas, creo que este señor está en todo su derecho a indignarse, a lanzar críticas y blasfemias contra la RAE o a lo que le dé la realísima gana. Sin embargo, me da la sensación de que su problema radica en que o se olvida de para qué sirve un diccionario o confunde el diccionario de la RAE con un diccionario del euskera.
El primer problema es muy frecuente entre políticos y otros colectivos que tienden fácilmente a la indignación pública cada vez que el diccionario incluye una definición que no está de acuerdo con su ideario o sus pretensiones. Todos ellos intentan influir en la Academia proponiéndole que suprima o modifique tal o cual término o significado, normalmente empujados por lo que da en llamarse lo políticamente correcto.
Para el segundo problema hay que hilar más fino. Radica en la confusión entre el uso de la palabra en euskera y el uso en castellano. El uso en euskera es, sin duda, el que menciona el político de EA. Sin embargo, el uso en castellano es bastante diferente. Quizás en Euskadi, no. Pero para otros muchos hablantes del español, sí. No hay más que revisar la prensa diaria.
Mi lengua materna es el castellano, pero mi segunda lengua es el euskera y, aunque no tengo el mismo dominio de esta segunda, probablemente nunca (o pocas veces) usaría la palabra abertzale con el significado que le da la RAE, puesto que conozco su significado en euskera. Sin embargo, en la prensa, en la radio, en la televisión y fuera de Euskadi, abertzale se usa con un significado que se acerca mucho al que describe la RAE. En consecuencia y en mi opinión, la RAE hace bien en recogerlo. Si no, no estaría haciendo bien su trabajo.
La labor de un diccionario no es acomodar el lenguaje a lo que nos gustaría que fuera la lengua, sino describir cómo es en el momento en que se hace el diccionario. Y hoy por hoy, abertzale es un buen ejemplo de cómo una palabra puede variar de significado cuando pasa de una lengua a otra. Le guste o disguste a políticos o colectividades varias de indignados.
Fuente de la foto: Angry Friday Face, de Lara604






