Morituri te salutant (I)

Hace días que vengo pensando por qué cuando bajo, pasada la medianoche, al garaje y abro la puerta de mi parcela y con el mando abro las puertas de mi coche y los intermitentes me saludan y el clac de la cerradura quiebra la quietud del garaje solitario y yo escrutino desde la ventanilla el interior de mi coche y estiro mi mano y abro la puerta y me siento, en el asiento del conductor de mi coche, me siento, por qué en ese preciso instante, después de sentarme, cuando levanto la mirada y la poso en el retrovisor, por qué siempre espero encontrarme la sonrisa enigmática y los ojos fríos y calculadores de un sádico asesino en serie, salido de una película de serie B americana, que con una frase solemne me anuncia mi final mientras con un fino cable rodea mi cuello y lo estrangula hasta asfixiarme.

No sé por qué. Quizás sea por el terror instintivo y primario que sentimos hacia la oscuridad. Quizás por el exceso de series policíacas que inundan la televisión y a las que me engancho tan fácilmente. Quizás por aquella novela de Stephen King, It se llamaba, que logró que durante todo un verano no me levantara al baño en medio de la noche. Quizás por el olor a humedad que impregna las esquinas del garaje. Quizás. No lo sé.

Lo que sí sé es que esta noche de sábado, cuando he bajado al garaje, como cada noche de sábado, y he abierto mi parcela y con el mando he abierto las puertas de mi coche, después del clac y los intermitentes, después de escrutinar el interior de mi coche desde la ventanilla y estirar la mano y abrir la puerta y sentarme, después, cuando he levantado la mirada y la he posado en el retrovisor, me he encontrado una sonrisa enigmática y unos ojos fríos y calculadores, como los de un sádico asesino de una película de serie B americana, que me están mirando fijamente a los ojos, cuando oigo un clac, que me pone la piel de gallina, y un susurro al oído me anuncia que él también llevaba días soñando con aquel instante de asfixiante, húmeda y oscura soledad.

Fuente de la fotografía: Looking back… over my shoulder de Smiley Stew

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Mi máscara de profesor o cómo me disfrazo al entrar al aula

Antes de vacaciones, de camino a clase, hablaba con una compañera sobre nuestra forma de ser dentro del aula. Esa semana habíamos tenido a estudiantes en prácticas observando nuestras clases y también impartiendo alguna hora. Y después, tuvimos una tutoría con ellos para dialogar sobre sus impresiones en el aula y aportarles nuestro feedback. Mis alumnas en prácticas estuvieron muy nerviosas, se les notaba en cada gesto, aunque consiguieron que los nervios no las dominaran. Luego, durante la tutoría, hablaba con una de ellas sobre esos nervios. Yo le decía que con la experiencia van desapareciendo y solo reaparecen en momentos puntuales. En mi caso, el primer día que empiezo con un grupo nuevo: siempre parezco un niño con zapatos nuevos. Pero ella no se convencía porque creía que iba a ser incapaz de controlarlos.

Esta experiencia de tutorizar a otros en su proceso de formación como profesores me ha parecido muy enriquecedora porque me he visto reflejado en los alumnos a los que observaba dar clase y estoy seguro de que he aprendido más yo que ellos. Además, al hilo del diálogo sobre los nervios al entrar al aula, me he dado cuenta de que, cuando entro en mi clase (además, casi siempre es la misma, por lo que casi la considero mía, mi tesoro), me transformo. A ver, entendámonos. No es que cambie y sea una persona diferente, pero sí que me pongo una careta de profesor, una máscara en la que se muestra mi yo más divertido y chistoso. Porque, tal y como hablaba con mi compañera de camino a clase, dentro del aula hacemos hasta gracia, y eso que somos personas relativamente serias.

Pero no sé qué tiene el aula que, según cruzas el quicio de la puerta, te transforma, para bien o para mal, porque hay de todo, pero te transforma. Estoy convencido de que es algún tipo de fuerza oscura, primitiva y visceral. En mi caso, consigue hacerme gracioso y subraya mi paciencia.

Y a vosotros, ¿también os transforma el aula? ¿De qué forma?

Fuente de la fotografía: Mask @ Parent’s de adriagarcia

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Clasificados (V)

A @loretahur. Porque la idea de los versos

surgió al leer el estado de su email el lunes

posterior al cambio de hora.

BUSCO una hora perdida en el tiempo

robada en las tinieblas de la noche

que engulle los abrazos las caricias

los susurros de amor y los silencios

 

Fuente de la fotografía: Clock por Lee J Haywood

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¿Cuál es el propósito de la educación? Purposed[ES]

Cuando Juan Carlos Guerra me propuso escribir una entrada para el debate de Purposed, lo primero que se me ocurrió fue contestar a la pregunta del debate con un breve cuento. Así que aquí va mi aportación:

Aquel día en la facultad el profesor les planteó una actividad de debate. Era un profesor diferente. No sabía si le gustaba o no. Era diferente. Planteaba actividades que muchas veces le superaban. Eran difíciles y nunca tenían una respuesta directa, clara y definitiva. Por eso, no sabía si le gustaba aquel profe. Le hacía trabajar demasiado y pocas veces daba clases en las que pudiera tomar apuntes. Le desconcertaba, no sabía qué necesitaba estudiar para el examen. Y los exámenes de junio estaban tan cerca…

Aquel día les dijo que tenían que debatir sobre un tema: ¿cuál era el propósito de la educación? Y les planteó que leyeran los posts que circulaban por distintos blogs aquellos días sobre el tema. Les contó que diversas personas relacionadas con la educación estaban contestando a aquella pregunta en la red. Tenían que leer algunos posts, dejar sus comentarios y luego, en el aula, una semana después, plantearían el debate. Aquella semana leyó muchas entradas y, tras mucho pensarlo, se animó a participar en algunas de las cadenas de debate surgidas a partir de los comentarios a las entradas. No tenía las ideas muy claras pero la divergencia de opiniones que allí se vertían y, al mismo tiempo, la pasión con la que hablaban sobre su trabajo tantos profesores lo animaron a participar.

Una semana después, cuando su profesor planteó el debate en el aula, fue uno de los alumnos más activos. No participó pensando en la nota o para impresionar al profe, sino porque estaba realmente interesado en el tema. Una pizca de aquella pasión que había intuido en tantos profesores se le había inyectado y ahora incluso observaba de una forma distinta a su profesor. Ahora sí que lo entendía o, por lo menos, lo comprendía mejor que antes. Ahora le encontraba el sentido a las actividades diferentes que les proponía. Ahora comprendía por qué no solía dar clases magistrales para que ellos copiaran apuntes. Al finalizar el debate en la clase, cuando el profesor les planteó que escribieran en un folio cuál era el propósito de la educación para ellos y que lo guardaran como un tesoro para poder consultarlo cada cierto tiempo, no dudó. Ahora lo tenía claro.

La facultad terminó y, a trancas y barrancas, comenzó a trabajar. Primero haciendo sustituciones cortas y poco a poco cubriendo sustituciones largas hasta que un buen día consiguió una vacante de un año completo y se sintió feliz porque por fin iba a poder tener sus cursos y organizarlos a su manera, como siempre había deseado. Y los cursos fueron pasando y la ilusión fue mermándose y el cansancio apareció. Y se dejó llevar por programaciones estrictas y por libros de texto y se olvidó de disfrutar de su trabajo. Y cada día observaba la clase más como un lugar de enfrentamiento que como una clase en sí. Y se dejó llevar por la rutina. Y se le nubló la mirada.

Pero un buen día, mientras hacía limpieza en su casa y ordenaba los apuntes de la facultad y elegía qué conservaba y qué tiraba a reciclar, encontró un papel. Estaba doblado en varios pliegues y tenía un lazo azul para mantenerlo cerrado y bien cerrado. Como un tesoro. Y como un tesoro lo abrió, con cuidado, recordando las palabras de su profesor, guardadlo como un tesoro y cada cierto tiempo consultadlo, para que no olvidéis cuál es el propósito de la educación. Durante muchos años se había olvidado de aquel tesoro. Y de aquel profesor, el que le había inyectado la pasión por la docencia. Pero allí tenía su tesoro. Lo desdobló y descubrió su letra, un poco más joven, y lo leyó:

El propósito de la educación es construir personas libres, capaces de analizar, comprender, juzgar y criticar la realidad que las rodea, capaces de aprender de forma autónoma y de perseverar en su proceso de aprendizaje durante toda su vida.

Y sonrió. Y su sonrisa se dibujó en su mirada y en los alumnos que desde aquel día pasaron por sus clases. Porque guardó su tesoro en su agenda y cada día, al revisar las tareas pendientes, lo releía y lo tenía presente con cada alumno.

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El cómic como recurso didáctico (I): Mortadelo, Filemón, Supermán y las comparaciones odiosas

Parece ser que abril, no ha sido tan fructífero como prometí en cuanto a entradas se refiere. Así que todo lo prometido (y no cumplido) lo iré publicando en mayo. De momento, comienzo el mes con una actividad con el cómic como recurso principal, a la que seguirán una entrada-cuento con mi aportación al debate de Purposed[ES] y una nueva entrega de mis clasificados, serie de poemas semanal que retomo después del descanso vacacional. Pero a lo que iba, para hoy una entrada explicando una sencillísima actividad en la que se usa el cómic como recurso para practicar en el aula de español las comparaciones.

Mortadelo, Filemón, Supermán y las comparaciones odiosas

Nivel de la actividad: Niveles A1 y A2.

Destreza activada: La actividad la hemos realizado en clase activando la expresión oral aunque su práctica no es el objetivo de la misma. También podría ser una actividad escrita.

Objetivos de la actividad: El objetivo fundamental consiste en practicar de una forma semicontrolada las estructuras comparativas y superlativas: más… que, menos… que, tan… como, el más…, -ísimo. Yo la he utilizado en el nivel A2 como un complemento a las explicaciones que se dan en el libro Prisma A2. Estas estructuras se introducen en este manual como un repaso, puesto que ya se han trabajado en Prisma A1. Pero mis alumnos normalmente vienen de cursos en los que han trabajado con otro manual en el que no se han introducido estas estructuras por lo que para ellos son nuevas y la práctica de las mismas que propone Prisma A2 les resulta siempre escasa. Por último, la actividad también tiene un objetivo cultural: que los alumnos conozcan a dos de los personajes más relevantes del cómic español.

Material necesario: la siguiente viñeta de Mortadelo y Filemón.

Tiempo de preparación: 30 segundos. Lo que se tarda en buscar la viñeta en internet.

Desarrollo de la actividad: Después de introducir las estructuras comparativas y superlativas y practicarlas de una forma controlada, se les muestra la viñeta y se les propone que, por turnos, hagan comparaciones usando a los distintos personajes que aparecen en esta viñeta. Si el grupo es poco participativo o tiene un nivel muy bajo, se les puede proponer la actividad en parejas y darles un tiempo (5 minutos) para que preparen 3 comparaciones cada pareja. En mi caso, lo hicimos viva voce, sin preparación previa. Cuando terminan de poner en común las comparaciones (o también las estructuras superlativas), se les pregunta si conocían a los personajes y se les explica quiénes son Mortadelo y Filemón. Para terminar la actividad, se les podría traer alguna otra viñeta de estos personajes con una breve historia o alguna otra viñeta de otros personajes típicos como Zipi y Zape o el Botones Sacarino.

Valoración de la actividad: La actividad ha funcionado muy bien y les ha gustado conocer a estos personajes del cómic español. Les han sorprendido por su aspecto de antihéroes frente a los grandes personajes del cómic, como el propio Supermán. En cuanto a la práctica de las comparaciones, no han tenido problemas para construir frases comparativas y superlativas sin preparación previa y, desde luego, ha sido una forma mucho más entretenida de practicar estas frases que las que propone el libro.

Link interesante:

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Museo de la Evolución Humana

Esta Semana Santa he hecho unos cuantos kilómetros recorriéndome España de norte a sur. He estado en sitios que me han encantado, por ejemplo, la Mezquita de Córdoba, y pese a que el tiempo ha sido un auténtico desastre y a que he tenido percances diversos con el coche, han sido unas muy buenas vacaciones.

Uno de los lugares más interesantes que he descubierto ha sido el Museo de la Evolución Humana de Burgos y por eso quería traerlo al blog para recomendároslo. Es un museo en el que se intenta dar respuesta a esa gran pregunta del ¿de dónde venimos? utilizando los descubrimientos del yacimiento de Atapuerca. Se divide en cuatro pisos y se puede visitar, parándose a conciencia en todos los paneles y en los audiovisuales, en unas dos horas y media. El primer piso muestra algunos de los hallazgos de Atapuerca, con explicaciones audiovisuales que ayudan a comprender su importancia. El segundo piso se centra en Darwin, la teoría de la evolución y el cerebro. El tercer piso nos explica la cultura de las sociedades prehistóricas y el último piso, el más flojo de todos, habla de los ecosistemas de la evolución humana. Además, según oímos en taquilla, se debe de poder comprar un ticket que incluye el traslado en autobús desde el museo hasta el yacimiento de Atapuerca y la visita guiada del mismo.

Lo mejor del museo probablemente sea que consigue explicar la importancia de los hallazgos de una forma sencilla y clara. Es un museo con intención claramente divulgativa que pretende llegar a todos los públicos. Y realmente lo consigue. Lo peor, que algunos audiovisuales son exageradamente simples y carecen de información, por ejemplo, el del fuego (en la tercera planta) y el de los ecosistemas (en el último piso). Por lo demás, todo muy bien.

Y antes de finalizar, también es muy recomendable visitar el Museo de Arte Romano de Mérida. Está junto al Anfiteatro y el Teatro romanos de la ciudad. La entrada es gratuita tanto para estudiantes como para profesores. El edificio recoge una muestra muy interesante de arte romano en la que destacan algunos mosaicos bastante impresionantes. Además, el edificio, de ladrillo, no desentona para nada con el arte que contiene en su interior y con su entorno.

Fuente de la fotografía: Dolina-Pano3

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Clasificados (IV)

BUSCO unas manos tiernas como espigas

mecidas por el viento de la tarde

que barre con su lánguido lamento

los álamos las lágrimas el hambre

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Clasificados (III)

BUSCO unos ojos que limpien la niebla

que habita mis desvelos y mi risa

que enturbia mi pasión y mis pupilas

ojos de aroma a tierra y hierbabuena

Esta fotografía está bajo licencia Creative Commons Reconocimiento

(Para citar la fuente: Guillermo Gómez)

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Actividad: «Coger el toro por los huevos» y otras perlas orales de Juan Bas

Hace unos días, Juan Bas publicaba en El Correo una columna sobre las burradas que de vez en cuando decimos. La columna de Bas es muy recomendable si queréis pasar una mañana de domingo de lo más divertida. Algunas de sus perlas orales son desternillantes.

Pero lo mejor de esta perlas orales es que son un recursos fantástico para llevar al aula de ELE. Así que aquí os presento la explotación (sencillísima) que hice yo el jueves para mi clase de B2.

Coger el toro por los huevos

Nivel de la actividad: Yo la he usado con alumnos de nivel B2. Creo que es una actividad indicada para alumnos a partir de este nivel. El vocabulario no es fácil y con niveles inferiores seguramente no capten el punto humorístico de la actividad.

Destreza activada: Comprensión escrita.

Objetivos de la actividad:

  • La actividad quiere, en primer lugar, trabajar con el vocabulario.
  • Fomentar estrategias de revisión y corrección.
  • Demostrar a los alumnos que los nativos también cometemos muchos errores cuando hablamos y que tienen que perder un poco el miedo al error (mayores burradas que las que aparecen en el artículo de Juan Bas es difícil que cometan).

Material necesario: Fotocopia que se adjunta al final de esta entrada. Más el artículo completo de Juan Bas que puede encontrarse en este link.

Tiempo de preparación: 5 minutos. El necesario para hacer las fotocopias necesarias.

Desarrollo de la actividad: Mi explotación del artículo de Juan Bas es muy sencilla. Se le podría sacar más jugo al asunto proponiendo algún tipo de tarea final que consistiera en escribir algún texto usando alguna de las frases o algo por el estilo. Si a alguien se le ocurre alguna actividad complementaria, estaría encantado en que la compartiera en un comentario.

  • En la fotocopia que se adjunta al final de esta entrada hay una selección de algunas de las perlas orales del artículo. He escogido las de uso más frecuente, las que pueden entenderse mejor y también las más graciosas.
  • El propósito de la actividad es corregir las frases. Para facilitar la tarea, he escrito en una tabla las palabras correctas desordenadas. Con alumnos de un nivel muy alto, quizás podría quitarse esta tabla y proponerles que corrijan las frases sin ayuda, pero algunas oraciones necesitarían de un mayor contexto introductorio para que las comprendieran.
  • Se reparten las fotocopias y se les propone que corrijan las frases sin dar la vuelta a la hoja (en la parte de atrás tienen el artículo completo de Bas). Se les dan unos 10 minutos y luego se revisa entre todos, explicando las frases cuyo significado no comprendan (especialmente las frases hechas).

Valoración de la actividad: La actividad ha funcionado yo diría que casi a la perfección. Los alumnos se han divertido haciéndola y han podido corregir, con la ayuda de la tabla, prácticamente todas las frases, aunque algunas palabras han necesitado ser explicadas. Como ya he dicho anteriormente, a la actividad le falta una explotación final en la que los alumnos tengan que utilizar algunas de esas frases, por ejemplo, las frases hechas.

Actividad: Coger el toro por los «huevos»http://www.scribd.com/embeds/52145341/content?start_page=1&view_mode=list&access_key=key-26x0k1o53fqv10ztxr4g(function() { var scribd = document.createElement(«script»); scribd.type = «text/javascript»; scribd.async = true; scribd.src = «http://www.scribd.com/javascripts/embed_code/inject.js»; var s = document.getElementsByTagName(«script»)[0]; s.parentNode.insertBefore(scribd, s); })();

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Variación III sobre la búsqueda del príncipe azul

Ella te buscaba.

Lo supe desde el principio y no tuve más remedio que aceptarlo. No había otra. Si quería estar con ella, debía conformarme. Mejor un calor secundario, fingido y estéril que una cama medio vacía, una apartamento demasiado grande, un solo cepillo de dientes en el baño. No había otra.

Vivía aprovechando el instante, ignorando el futuro y los compromisos, haciendo oídos sordos a los comentarios bienintencionados de mis amigos. No quería oírlos: las verdades que tenían que decirme me desgarraban.

Ella te buscaba.

A ti, nunca a mí. O a mí solo durante un tiempo. Breve, demasiado breve. El tiempo en que yo era como tú. Luego volvió a buscarte. A ti. Vivía conmigo, todavía. Pero te buscaba, a ti.

A ti, que no ocupabas la otra mitad del armario, siempre desordenado. A ti, que no ensuciabas la ropa, el baño, la sala. A ti, que no perdías pelo, que no sudabas cuando hacías el amor, que no te olvidabas de los aniversarios, que no roncabas. A ti, que no eras como yo.

Ella te buscaba.

Mientras tanto, yo sobrevivía a su lado hasta que ella te encontrara.

Fuente de la fotografía: Guillermo Gómez bajo licencia Creative Commons – Reconocimiento.

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