El domingo por la tarde vi Ágora. En su momento, cuando la estrenaron en los cines, no le hice mucho caso, pero me quedé con ganas de verla. El domingo, por fin, llegó el día y mi veredicto es muy favorable. No es la película del año, ni la mejor película de Amenabar, se le va demasiado la mano casi endiosando a Hipatia de Alejandría, pero sin lugar a dudas me parece una película muy recomendable, que plantea temas de inmediata actualidad.
La película plantea diversas temáticas pero, a mi modo de ver, las más interesantes son la crítica feroz al fundamentalismo de todo signo, en este caso al religioso, y la defensa a ultranza de la curiosidad, el respeto al otro, el cuestionamiento constante de la realidad y la existencia de una moral humanista independiente de cualquier tipo de religión, por mucho que todas ellas históricamente se hayan posicionado como las grandes constructoras y defensoras de la moral.
Hoy en día, en un mundo completamente diferente al de la Alejandría de los siglos IV y V, es imprescindible seguir reivindicando esa curiosidad inagotable, ese escepticismo ante las verdades que se muestran como absolutas, ese respeto por lo que opina el otro, esa defensa de la convivencia pacífica entre seres humanos que tanto defiende el personaje de Hipatia a lo largo de la película («porque somos hermanos»). Y ante todo, hoy en día es imprescindible reivindicar la validez de una moral humana o humanista, independiente de cualquier religión (aunque comparta con ellas muchas características). Moral que se acaba de gestar con los ilustrados y que, desde entonces hasta ahora, se ha ido nutriendo de ideologías o movimientos sociales de suma importancia, como la no violencia, el feminismo o el ecologismo.
Sin esa moral humana, crítica y reflexiva, mucho me temo que estaríamos indefensos frente a cualquier tipo de fundamentalismo.
Imagen extraída de la Wikimedia: Hipatia